Arribo hasta los bordes de tus sueños
cansado de la desolación que encuentro por las calles,
y es tan sólo mirarte abandonada
sobre tu lecho,
llena de claridades,
para cubrirte con mis brazos
y en tus deseos mojarme.
Qué perfección es el moreno fruto de tu cuerpo,
qué ansiedades se anidan en tu talle,
qué promesas levantas
entre los ríos gozosos de tus muslos
que, trémulos, se abren
con sus goznes de carne,
hospitalarias puertas
frente al sol de la tarde.
En la planicie de tu vientre
en mar de agitación se torna el aire
y ya de solamente
tu piel sabe
y sube
y baja por tus valles
entre líquidos besos
que derraman sonidos elementales.
Me voy plantando lento
en esa tierra de los dos que no es de nadie
y me levanto entonces
como el árbol vigoroso de tu huerto
para entre la luminosidad de tus entrañas
dulcemente enraizarme.
cansado de la desolación que encuentro por las calles,
y es tan sólo mirarte abandonada
sobre tu lecho,
llena de claridades,
para cubrirte con mis brazos
y en tus deseos mojarme.
Qué perfección es el moreno fruto de tu cuerpo,
qué ansiedades se anidan en tu talle,
qué promesas levantas
entre los ríos gozosos de tus muslos
que, trémulos, se abren
con sus goznes de carne,
hospitalarias puertas
frente al sol de la tarde.
En la planicie de tu vientre
en mar de agitación se torna el aire
y ya de solamente
tu piel sabe
y sube
y baja por tus valles
entre líquidos besos
que derraman sonidos elementales.
Me voy plantando lento
en esa tierra de los dos que no es de nadie
y me levanto entonces
como el árbol vigoroso de tu huerto
para entre la luminosidad de tus entrañas
dulcemente enraizarme.