Mary C. López
Una mujer de líneas y procesos.
Van desfilando tragedias entretejidas con indiferencia
por todas la ciudades se extienden en gélido manto.
Cuanto vacío tan humano, cuanta frialdad convertida en materia,
enmudecen de horror las horas del día ante el sordo llanto
que emite silenciosa la tierra en todos sus espacios.
Las luces se vuelven opacas y el sórdido murmullo de las noches
son paisajes inmutables ante las tragedias tristemente humanas.
¿Habrá en un lugar escondido un ser invadido de variadas sensaciones?
Queda aun esperanza de encontrarlo o son falsas ilusiones matizadas.
No, hay con que alimentar mi interior, de espíritus vivos no hay derroches.
Universo poblado de miles de creaciones en movimiento y en sonidos;
la vanguardia es forma en los caminos, pero al final de mi ojos es vacío,
ese vacío que se hace grande, que se hace eterno, que se convierte en nada
pese a todo lo que ven mis ojos y tocan con asombro mis sensibles dedos;
nada es cálido hay ausencia de seres en verdad humanos y crece el frío.
Siento en remolino descendente el lado vivo del universo. ¡Se pierde su alma!
El paisaje ofrece enormes logros en inertes formas de materia vana;
indiferentes a la sonrisa, el sabor de un saludo queda atrapado en ¡hola, buen día!,
No saboreamos la caricia de la brisa, siempre caminando rápido y en extrema prisa
se nos vuelve la vida un eterno edificio que no atina alcanzar feliz la cima.
Mary C. López.