UNA MELANCOLÍA MAS
Aquellos reflejos,
eran reflejos que vivían sin aire,
amarga es la amargura del cóncavo
tristemente plateada
es la mirada de un sin fondo.
Ahogarse entre las cuerdas
de una guitarra
como poder vivir
sin agua en el corazón,
en un espejo dejar la razón
con labios que besen su marco.
Sencillez en el arrodillamiento
los dedos de los pies juntos,
la cara adentro de las manos
desperdiciarse las lágrimas,
sin desembocar en un océano.
Partir al alma en dos
y de esos dos sacar cuatro más
así sin terminar en infinitas veces,
hacer de los pedacitos
peces de la pecera de cristal
de tus ojos mojados.
Me rendí despierto
y acate soñando un destino,
afine las patas de una araña
para hacer sonido de violines,
tararear un responso y decirme:
Adiós por siempre a mi mismo.
Aquellos reflejos,
eran reflejos que vivían sin aire,
amarga es la amargura del cóncavo
tristemente plateada
es la mirada de un sin fondo.
Ahogarse entre las cuerdas
de una guitarra
como poder vivir
sin agua en el corazón,
en un espejo dejar la razón
con labios que besen su marco.
Sencillez en el arrodillamiento
los dedos de los pies juntos,
la cara adentro de las manos
desperdiciarse las lágrimas,
sin desembocar en un océano.
Partir al alma en dos
y de esos dos sacar cuatro más
así sin terminar en infinitas veces,
hacer de los pedacitos
peces de la pecera de cristal
de tus ojos mojados.
Me rendí despierto
y acate soñando un destino,
afine las patas de una araña
para hacer sonido de violines,
tararear un responso y decirme:
Adiós por siempre a mi mismo.
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