SCyL
Poeta recién llegado
Maldita tú
fastidio de inquietudes escondidas,
de piernas febriles
y rollizos vestíbulos,
de miradas sofocantes
y calores insípidos;
liviandad repulsiva
aún hoy más repulsiva,
desecho de lujuria
y emulación de sensualidad.
Maldita la sangre y los harapos
y nefasta la memoria que no olvida
Maldita la mesura doblegada,
la inconsistente vergüenza
y las farsas,
lujuria repugnante
aún hoy más repugnante
de labios patéticos
y desavenencias varias,
de dolor hacinado
en mis pupilas inflamadas,
maldita tú.
Maldito el ardor y la modorra
que en mí tu sangre cuajó.
Maldito tu sudor,
tu saliva
y tus sustancias,
irrefrenable bullicio de madrugada
de madrugada sollozante
que incineró el perdón
y vomitó tu nombre con asco
ve y regresa
de donde nunca debiste salir
feminidad inmunda
Maldita la piel y las manos
y la hipocresía de no escupir tu cara.
H.R.C
fastidio de inquietudes escondidas,
de piernas febriles
y rollizos vestíbulos,
de miradas sofocantes
y calores insípidos;
liviandad repulsiva
aún hoy más repulsiva,
desecho de lujuria
y emulación de sensualidad.
Maldita la sangre y los harapos
y nefasta la memoria que no olvida
Maldita la mesura doblegada,
la inconsistente vergüenza
y las farsas,
lujuria repugnante
aún hoy más repugnante
de labios patéticos
y desavenencias varias,
de dolor hacinado
en mis pupilas inflamadas,
maldita tú.
Maldito el ardor y la modorra
que en mí tu sangre cuajó.
Maldito tu sudor,
tu saliva
y tus sustancias,
irrefrenable bullicio de madrugada
de madrugada sollozante
que incineró el perdón
y vomitó tu nombre con asco
ve y regresa
de donde nunca debiste salir
feminidad inmunda
Maldita la piel y las manos
y la hipocresía de no escupir tu cara.
H.R.C
::