Espera a la mañana que a tus ojos
reverbera el símil del sol naciente,
buscando entre caricias las estrellas
que abandonan el cielo lentamente.
Deja que el sol arrastre con sus rayos
las penumbras inciertas de los sueños,
que dibuje en el prado la mañana
entre mares de pinos y de abetos.
Que jueguen sus reflejos en tu pelo
y puedas degustarlos con tu boca,
que transporten tus manos hasta el cielo
la caricia que su beso te provoca.
Espérame a la tarde que esta noche
regaré tu jardín con mi alegría,
llegaré hasta su centro y muy despacio
convertiré la noche en claro día.
reverbera el símil del sol naciente,
buscando entre caricias las estrellas
que abandonan el cielo lentamente.
Deja que el sol arrastre con sus rayos
las penumbras inciertas de los sueños,
que dibuje en el prado la mañana
entre mares de pinos y de abetos.
Que jueguen sus reflejos en tu pelo
y puedas degustarlos con tu boca,
que transporten tus manos hasta el cielo
la caricia que su beso te provoca.
Espérame a la tarde que esta noche
regaré tu jardín con mi alegría,
llegaré hasta su centro y muy despacio
convertiré la noche en claro día.
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