Víctor Ugaz Bermejo
refugio felino
He sentido la lluvia de mi mirar
mojándome el pensamiento,
en una angustia propia que no cambia;
en la prisa de esperar a que escampe
a que cese el llanto de mi alma.
Mientras miro tu fotografía
de tiempos detenidos
de sonrisas eternas,
y hay una alegría para mi sentir.
Una que siendo solo una
ha llenado todos mis vacíos,
iluminando todos mis rincones.
Vuelvo a repasar los asientos,
a esa hora ya desocupados
en la vieja estación;
algunos pasajeros llegan de viajes retrazados,
con sueños a tientas que tropiezan
y se abrazan de los que los esperan.
He estado en el recodo de nuestro camino
cual peregrino que espera hallarte,
contando las horas
las aves en vuelo,
las nubes pasajeras,
y esas ventiscas
que te recuerden los suaves versos,
que nunca te escribí.
He tomado reposo junto al río
escuchando historia a los peces,
que como viejos de taberna
mienten a veces;
bajo la sombra de tu presencia eterna
en la fresca pradera,
que te nombra en los otoños de mi vida,
que te viste de primavera
sólo para que en mi alma seas alegría.
He perseguido al silencio
tras el paso de un cervatillo,
en mi locura alada que sentencio
que vuela sin marchitar a los lirios,
ni deshoja margaritas.
Pero que besa sus pétalos
creyendo, sin abrir los ojos;
que son tus labios.
mojándome el pensamiento,
en una angustia propia que no cambia;
en la prisa de esperar a que escampe
a que cese el llanto de mi alma.
Mientras miro tu fotografía
de tiempos detenidos
de sonrisas eternas,
y hay una alegría para mi sentir.
Una que siendo solo una
ha llenado todos mis vacíos,
iluminando todos mis rincones.
Vuelvo a repasar los asientos,
a esa hora ya desocupados
en la vieja estación;
algunos pasajeros llegan de viajes retrazados,
con sueños a tientas que tropiezan
y se abrazan de los que los esperan.
He estado en el recodo de nuestro camino
cual peregrino que espera hallarte,
contando las horas
las aves en vuelo,
las nubes pasajeras,
y esas ventiscas
que te recuerden los suaves versos,
que nunca te escribí.
He tomado reposo junto al río
escuchando historia a los peces,
que como viejos de taberna
mienten a veces;
bajo la sombra de tu presencia eterna
en la fresca pradera,
que te nombra en los otoños de mi vida,
que te viste de primavera
sólo para que en mi alma seas alegría.
He perseguido al silencio
tras el paso de un cervatillo,
en mi locura alada que sentencio
que vuela sin marchitar a los lirios,
ni deshoja margaritas.
Pero que besa sus pétalos
creyendo, sin abrir los ojos;
que son tus labios.
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