Pepe Cercas
Poeta recién llegado
Todo está dicho;
yace escrito en paredes solitarias
y en ríos que arrastran en sus vientres
los besos de la ira.
Se pierde la memoria del hombre
que, con la fuerza del verbo,
inflige la cruel estocada
a un corazón abatido.
Las calles vacías asimilan tu ausencia
y mis ojos recuerdan,
en el crepúsculo, tu melancolía;
me asedian tus tiempos,
esos que, perdidos,
combaten en mi mirada.
¡Quién pudiera encontrarte en los renglones
que mis manos dibujan en la tierra
sembrada de semillas que germinen
en los contornos tristes de tu sombra!
yace escrito en paredes solitarias
y en ríos que arrastran en sus vientres
los besos de la ira.
Se pierde la memoria del hombre
que, con la fuerza del verbo,
inflige la cruel estocada
a un corazón abatido.
Las calles vacías asimilan tu ausencia
y mis ojos recuerdan,
en el crepúsculo, tu melancolía;
me asedian tus tiempos,
esos que, perdidos,
combaten en mi mirada.
¡Quién pudiera encontrarte en los renglones
que mis manos dibujan en la tierra
sembrada de semillas que germinen
en los contornos tristes de tu sombra!