carlos lopez dzur
Poeta que considera el portal su segunda casa
Soy el inocente que siempre obedezco,
el soldado de plomo, la cicatriz del pecho ajeno;
el ciudadano, el moscamuerta honesto,
el aguafiestas santo, el que inventó la fe
para iniciar las 'cruzadas' de las que minan puertos
y envenenan ríos, o queman pastizales.
Reparto mendrugos,
me paseo por las tumbas con estómago
de hierro y la frente alta
por deber cumplido;
yo soy el héroe de la pata chueca,
quien de las greñas levanto calaveras
de niñas decapitadas, carne de cañón
de My Lai y Song Me entre bambúes,
y a mi tierra regreso
como un cupido alado,
ángel bochornosamente desnudo
con homicidios y rencor sublimizados.
Yo soy el Sacro Imperio
y la espada romana,
el que quiere al bizantino
con rodillas peladas
y una cultura de eunucos que aran la mar
de bitumul y azóe y sementeras ardientes,
aquellos sin sal en la mollera,
sin cánticos de placer,
sin aventura y sin curiosidad,
sin nada que ganar en el paisaje.
Como el rajputa de Kana Uj,
doy la ley antes que Moisés
y desfiguro mandalas
para que los arios vocalicen
sus gárgaras de gathas
mientras la negra piel se revienta.
Como franco que invade la Bohemia,
abro la Gran Cantina
y juego con mis naipes
a las suertes con la gitanada y los tahures;
yo soy la Europa de la Edad de las Tinieblas
y el que trajo la plaga que carcome
y las sarnas y las viruelas y la sífilis.
Y soy el consolado
con comenzón virilicente
que exorcizo a puro coito a los demonios.
No se me burlará en la Danza de la Muerte;
yo soy Eric el Rojo en la colonia vikinga
y Olaf de Noruega en el cerco de Londres
y Swey de Dinamarca que busca lo mismo
y soy el inglés sobre el celta,
el godo sobre el romano.
Yo soy la tribu eslava
que Alemania aturde
y el judaismo mesopotámico
filtrado hasta Navarra,
soy el danés que escapa a Normandía...
El veterano, hijo del batallón
de los que nada debo,
sino mi comando de humanitarismo,
echar entre bocas del hambre
estas limosnas federales de pan,
toques de queda, refugios y alambradas,
yo soy el que diseño el Destino Manifiesto
y el que abro los mercados,
la voz de la deténte...
2. Antítesis
Por obediencia, ¿se habrá de renunciar
a valores reales, a principios?
Por disciplina y deber:
¿tendrá cualquier horda en uniforme
que ladrar rumbo a villas, a su paso,
ruidosos zancos de falsos inocentes?
Para mí, son perros que masacran civiles
antes de dar veinte mil dentelladas a sus iguales.
Nada ha sido más retrógrado
(ni aún Nimrod)
que estos tiempos
que armarn el rostro humano
con rangos de rencor indefinido
y marchan a matar, organizadamente,
con ciego impulso
en aras de ofrenda amarga
tras sus ritos censurantes y sangrientos.
01-04-1999 / El libro de la guerra
el soldado de plomo, la cicatriz del pecho ajeno;
el ciudadano, el moscamuerta honesto,
el aguafiestas santo, el que inventó la fe
para iniciar las 'cruzadas' de las que minan puertos
y envenenan ríos, o queman pastizales.
Reparto mendrugos,
me paseo por las tumbas con estómago
de hierro y la frente alta
por deber cumplido;
yo soy el héroe de la pata chueca,
quien de las greñas levanto calaveras
de niñas decapitadas, carne de cañón
de My Lai y Song Me entre bambúes,
y a mi tierra regreso
como un cupido alado,
ángel bochornosamente desnudo
con homicidios y rencor sublimizados.
Yo soy el Sacro Imperio
y la espada romana,
el que quiere al bizantino
con rodillas peladas
y una cultura de eunucos que aran la mar
de bitumul y azóe y sementeras ardientes,
aquellos sin sal en la mollera,
sin cánticos de placer,
sin aventura y sin curiosidad,
sin nada que ganar en el paisaje.
Como el rajputa de Kana Uj,
doy la ley antes que Moisés
y desfiguro mandalas
para que los arios vocalicen
sus gárgaras de gathas
mientras la negra piel se revienta.
Como franco que invade la Bohemia,
abro la Gran Cantina
y juego con mis naipes
a las suertes con la gitanada y los tahures;
yo soy la Europa de la Edad de las Tinieblas
y el que trajo la plaga que carcome
y las sarnas y las viruelas y la sífilis.
Y soy el consolado
con comenzón virilicente
que exorcizo a puro coito a los demonios.
No se me burlará en la Danza de la Muerte;
yo soy Eric el Rojo en la colonia vikinga
y Olaf de Noruega en el cerco de Londres
y Swey de Dinamarca que busca lo mismo
y soy el inglés sobre el celta,
el godo sobre el romano.
Yo soy la tribu eslava
que Alemania aturde
y el judaismo mesopotámico
filtrado hasta Navarra,
soy el danés que escapa a Normandía...
El veterano, hijo del batallón
de los que nada debo,
sino mi comando de humanitarismo,
echar entre bocas del hambre
estas limosnas federales de pan,
toques de queda, refugios y alambradas,
yo soy el que diseño el Destino Manifiesto
y el que abro los mercados,
la voz de la deténte...
2. Antítesis
Por obediencia, ¿se habrá de renunciar
a valores reales, a principios?
Por disciplina y deber:
¿tendrá cualquier horda en uniforme
que ladrar rumbo a villas, a su paso,
ruidosos zancos de falsos inocentes?
Para mí, son perros que masacran civiles
antes de dar veinte mil dentelladas a sus iguales.
Nada ha sido más retrógrado
(ni aún Nimrod)
que estos tiempos
que armarn el rostro humano
con rangos de rencor indefinido
y marchan a matar, organizadamente,
con ciego impulso
en aras de ofrenda amarga
tras sus ritos censurantes y sangrientos.
01-04-1999 / El libro de la guerra