carlos lopez dzur
Poeta que considera el portal su segunda casa
«La mejor victoria es vencer sin combatir»:
Sun Tzú, en «El arte de la guerra»
La victoria: el alimento asequible
para hoy y mañana, alimento que sea la vida
del futuro y derecho a la semilla y al agua.
Así no hay razón para homicidio ni guerra.
Pero hay victorias aún todavía mejores.
Que sea patrimonio de todos los pueblos
el gozo de cosecha porque la semilla no falta
y al agua la dará el buen río y la sana cañada.
Entonces, ¿qué ha de ser el combatir?
Combatir es saber que alguien obstruye
un río y lo ha reclamado para sí, combatir es
democratizar la semilla, siendo el pueblo.
Cuando el que no siembra privatiza, roba;
se va pasando de listo; dicta la necesidad
de agredir al que siembra. Lo obliga
al yugo indeseado.
Antes alimentarse fue derecho.
Fue de todos y todas, cada criatura.
Hoy es un privilegio. Dictum de pan amargo.
Hoy el alimento es una mercancía
de quien domina el campo, el dueño de las tierras,
a veces ausentista. Un extranjero es propietario.
Una transnacional. Y el campesino
dice que no es justo. Y lo explotan por eso.
O lo callan. Lo combaten. Lo ignoran.
Por eso entiende que hay que vencer
cuando la victoria es el derecho al alimento.
Por eso hasta lo vence el hambre de la ira,
por eso combate hasta que venza el enojo.
Sin victoria, hay escasez y muerte,
y aún con ella, las dietas son impuestas
y el alimento es malo; se globaliza el gusto
en cada pueblo, el fin es dominar
estómagos malnutridos, rostros hambreados
en trabajo... Sun Tzú tiene razón...
Hay que combatir el precio tan fuera de alcance
que tiene la cosecha; no hay que matar al dueño
en la batalla; no siempre. Mas hay que sembrar más
y proteger la tierra.
Hay que evitar que el propietario imponga
su tecnología, Terminator, y sacarlo
de los campos cuanto antes. El es sólo un parásito.
Ni como abono sirve... sólo quien trabaja
es necesario en la victoria por el alimento,
sólo la semilla y el agua y, claro está,
las manos amorosas del labriego.
03-02-1988 / El libro de la guerra
Sun Tzú, en «El arte de la guerra»
La victoria: el alimento asequible
para hoy y mañana, alimento que sea la vida
del futuro y derecho a la semilla y al agua.
Así no hay razón para homicidio ni guerra.
Pero hay victorias aún todavía mejores.
Que sea patrimonio de todos los pueblos
el gozo de cosecha porque la semilla no falta
y al agua la dará el buen río y la sana cañada.
Entonces, ¿qué ha de ser el combatir?
Combatir es saber que alguien obstruye
un río y lo ha reclamado para sí, combatir es
democratizar la semilla, siendo el pueblo.
Cuando el que no siembra privatiza, roba;
se va pasando de listo; dicta la necesidad
de agredir al que siembra. Lo obliga
al yugo indeseado.
Antes alimentarse fue derecho.
Fue de todos y todas, cada criatura.
Hoy es un privilegio. Dictum de pan amargo.
Hoy el alimento es una mercancía
de quien domina el campo, el dueño de las tierras,
a veces ausentista. Un extranjero es propietario.
Una transnacional. Y el campesino
dice que no es justo. Y lo explotan por eso.
O lo callan. Lo combaten. Lo ignoran.
Por eso entiende que hay que vencer
cuando la victoria es el derecho al alimento.
Por eso hasta lo vence el hambre de la ira,
por eso combate hasta que venza el enojo.
Sin victoria, hay escasez y muerte,
y aún con ella, las dietas son impuestas
y el alimento es malo; se globaliza el gusto
en cada pueblo, el fin es dominar
estómagos malnutridos, rostros hambreados
en trabajo... Sun Tzú tiene razón...
Hay que combatir el precio tan fuera de alcance
que tiene la cosecha; no hay que matar al dueño
en la batalla; no siempre. Mas hay que sembrar más
y proteger la tierra.
Hay que evitar que el propietario imponga
su tecnología, Terminator, y sacarlo
de los campos cuanto antes. El es sólo un parásito.
Ni como abono sirve... sólo quien trabaja
es necesario en la victoria por el alimento,
sólo la semilla y el agua y, claro está,
las manos amorosas del labriego.
03-02-1988 / El libro de la guerra