Ricardo Leon De las Salas
Poeta fiel al portal
Cuando decías que me amabas
me entregaste
sin cordura y sin recelo
una a una
todas las llaves
de entrada a tu cuerpo.
A veces
cual ladrón furtivo
te dejabas sorprender
por el patio trasero
y me robaba
tus excitantes gemidos
de placentero dolor.
Era tu bebé
tu terroncito de azúcar
tu manjar blanco.
El macho cabrío
que sabía complacer
las urgencias de tu carne.
Hoy
que ya no me quieres
pretendes que olvide
que fuiste tú
quien me enseñó a quererte.
¡Iluso yo que no supe ganarme
las llaves de tu corazón!
me entregaste
sin cordura y sin recelo
una a una
todas las llaves
de entrada a tu cuerpo.
A veces
cual ladrón furtivo
te dejabas sorprender
por el patio trasero
y me robaba
tus excitantes gemidos
de placentero dolor.
Era tu bebé
tu terroncito de azúcar
tu manjar blanco.
El macho cabrío
que sabía complacer
las urgencias de tu carne.
Hoy
que ya no me quieres
pretendes que olvide
que fuiste tú
quien me enseñó a quererte.
¡Iluso yo que no supe ganarme
las llaves de tu corazón!
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