Trenes, túneles, aviones y pájaros
I
Olvidaré las brisas, las palomas con forma de sirenas
los algodones suaves la calles mojadas;
edificios cubiertos con tu risa,
me contagian tus suspiros.
Gorriones encantadores cantan en la mañana,
hebras tejidas, mejillas rosadas
empapadas de vergüenza roja, ese beso robado,
la carne elevada en su temperatura natural,
sometida a tu belleza ¡arde!
El bandido y la bandolera el amor hurtado,
los desencantos expuestos a la luz de lámparas púrpuras
los ataques furtivos, del que no le gusta
música suave de románticos acordes y armonía,
no me callen.
II
Estridentes ruidos, duerme la ciudad, ¡despierta la noche!
hay calidos silbidos y aire desplazándose entre túneles;
hay un tren que se sumerge aparezco entre escalas mecánicas,
otro corre entre rieles elevados, grutas de cemento hormigón
el amor que se escapa, ¡se va! tan de prisa, como llegó
calidas y efímeras sonrisas de mujer
Te espero en un aeropuerto inundado de neblinas grises;
el combustible quemado de aeronaves que van y vienen
tornan el ambiente y el aire amarillos, al poniente,
pasaporte de transporte, quiero volar permítelo;
hay gaviotas perdidas extraviadas del mar,
son controladas en un hangar, especial acomodado;
un río marrón corre en medio de la ciudad.
Imagino ser un crustáceo dormido
que se abriga en su caparazón,
no quiere que lo vean, ni lo descubran, tiembla
lo toma de la mano un cóndor ¡amigo!
en su lomo lo llevará, a rumbos cordilleranos
blancos en su cima,
relajado descansará, viajando desde la angustia
a la serenidad...
Ramiro Deladanza
I
Olvidaré las brisas, las palomas con forma de sirenas
los algodones suaves la calles mojadas;
edificios cubiertos con tu risa,
me contagian tus suspiros.
Gorriones encantadores cantan en la mañana,
hebras tejidas, mejillas rosadas
empapadas de vergüenza roja, ese beso robado,
la carne elevada en su temperatura natural,
sometida a tu belleza ¡arde!
El bandido y la bandolera el amor hurtado,
los desencantos expuestos a la luz de lámparas púrpuras
los ataques furtivos, del que no le gusta
música suave de románticos acordes y armonía,
no me callen.
II
Estridentes ruidos, duerme la ciudad, ¡despierta la noche!
hay calidos silbidos y aire desplazándose entre túneles;
hay un tren que se sumerge aparezco entre escalas mecánicas,
otro corre entre rieles elevados, grutas de cemento hormigón
el amor que se escapa, ¡se va! tan de prisa, como llegó
calidas y efímeras sonrisas de mujer
Te espero en un aeropuerto inundado de neblinas grises;
el combustible quemado de aeronaves que van y vienen
tornan el ambiente y el aire amarillos, al poniente,
pasaporte de transporte, quiero volar permítelo;
hay gaviotas perdidas extraviadas del mar,
son controladas en un hangar, especial acomodado;
un río marrón corre en medio de la ciudad.
Imagino ser un crustáceo dormido
que se abriga en su caparazón,
no quiere que lo vean, ni lo descubran, tiembla
lo toma de la mano un cóndor ¡amigo!
en su lomo lo llevará, a rumbos cordilleranos
blancos en su cima,
relajado descansará, viajando desde la angustia
a la serenidad...
Ramiro Deladanza
:: Ramiro