Las caricias buscan un espacio
entre los poros de tu piel,
esta mañana que despierta viva,
inquieta de deseos y genialidades.
La mirada se esconde tras la mirada
y la sonrisa ni siquiera se oculta,
sale a buscarte.
Mis gemidos resuenan en el eco
y el eco se hace el rey de tus oídos.
Me turbia la distancia inexistente
de un beso, de dos, de pares.
Ven a saciar mi boca que se escapa,
que se esfuma entre la bruma
para saciarte.
Ven a mi balcón de melodías
como pájaro que busca refugio.
Vuelve a mis manos que te cantan
baladas mágicas y cánticos de ángel.
Y búscame en las flores que quedan,
en las hojas que han caído a mis pies,
secas musicales.
Quiero detener las estaciones
en los silencios que me regalas.
Quiero un otoño repetido en mi cama
y te quiero a ti en ella para amarme.
Desnuda la vergüenza que nos falta,
vayamos a empolvar nuestra cintura,
quiero desearte.
Y en los resquicios del viento
que va dejando algunos sueños derretidos,
alcanza el polen, que una abeja derrama,
al paso incierto de mi flor delirante.
Cierra la boca en otro de mis besos
y abriga tus alientos, los susurros de tu cuerpo,
pero sin macharte...