guerrero verde
Poeta veterano en el portal.
Sobre la cúpula muere un cuervo lentamente
perdiendo sus plumas, sus alas, sus ojos,
para luego su corazón ser devorado por un viento punzante.
Sobre la capilla mueren palomas,
que entre rezos y aleteos
sus ojos pierden la órbita,
mientras la lluvia vomita
su sangre podrida de vida.
Sobre el campanario alargado de gótico francés arte,
sucumbe un águila que es despojada de sus garras.
Gime viendo con lágrimas como sus huesos ligeros
son extraídos por una nada asesina.
Ve como la realeza de sus alas se aferran sin ligamentos
a un cuerpo tan diáfano que ni la luna logra iluminar.
Sobre la cruz un halcón que cansado de ser peregrino
reposa blandiendo sus alas al viento.
Es tan suave y manso el frío del cementerio
que cierra los ojos extasiado.
De un golpe despierta y con el dolor ensangrentado
ve como es despojado de su decolorado pico.
Siente como unos dedos revolotean por su estomago
para luego salir de su pecho.
Tan solo queda por los cielos un búho
que presa del miedo vuela sin descanso
seguido por una ánima que ríe llena de nervios.
Vuela, vuela y vuela el ave hasta que cae rendida
con la mirada fija hacía el sol naciente.
Terminó la noche y el búho sabe
que ahora el niño deja de jugar.
Alza vuelo y con pavor vislumbra todas las plumas
apiladas sobre esa olvidada lápida.
1937-1941
perdiendo sus plumas, sus alas, sus ojos,
para luego su corazón ser devorado por un viento punzante.
Sobre la capilla mueren palomas,
que entre rezos y aleteos
sus ojos pierden la órbita,
mientras la lluvia vomita
su sangre podrida de vida.
Sobre el campanario alargado de gótico francés arte,
sucumbe un águila que es despojada de sus garras.
Gime viendo con lágrimas como sus huesos ligeros
son extraídos por una nada asesina.
Ve como la realeza de sus alas se aferran sin ligamentos
a un cuerpo tan diáfano que ni la luna logra iluminar.
Sobre la cruz un halcón que cansado de ser peregrino
reposa blandiendo sus alas al viento.
Es tan suave y manso el frío del cementerio
que cierra los ojos extasiado.
De un golpe despierta y con el dolor ensangrentado
ve como es despojado de su decolorado pico.
Siente como unos dedos revolotean por su estomago
para luego salir de su pecho.
Tan solo queda por los cielos un búho
que presa del miedo vuela sin descanso
seguido por una ánima que ríe llena de nervios.
Vuela, vuela y vuela el ave hasta que cae rendida
con la mirada fija hacía el sol naciente.
Terminó la noche y el búho sabe
que ahora el niño deja de jugar.
Alza vuelo y con pavor vislumbra todas las plumas
apiladas sobre esa olvidada lápida.
1937-1941