Susana del Rosal
Poeta que considera el portal su segunda casa
Caí, cual mariposa
con las alas quemadas por tu flama,
me atrajo ese destello
que tenía tu ternura;
y allí, presa, rompiéndome
en pedazos,
tu chispa fue asesina de caricias.
En la penumbra de tus dedos
sueltos,
dispersos por mi cuerpo en ruta loca,
puse mi frente ardiente en esa fuente
que añoraba mis rejas.
Ahora, aún candente, en la distancia
doliéndome tu prisa,
sólo pido clemencia
anhelando el frescor de la mañana.
Abre los puños para liberarme,
quiero escapar hacia la aurora suave,
afuera está la vida que me espera
tendiéndome las manos.
Quiero asirme con fuerza de esa nube
donde flota mi aliento,
ya no quiero este llanto
de tu amor que me daña;
ansío la luz del sol, la dulce calma
de mis flores azules.
Abre el balcón y suéltame
a la nada
donde disfrutaré mis propios
pensamientos.
con las alas quemadas por tu flama,
me atrajo ese destello
que tenía tu ternura;
y allí, presa, rompiéndome
en pedazos,
tu chispa fue asesina de caricias.
En la penumbra de tus dedos
sueltos,
dispersos por mi cuerpo en ruta loca,
puse mi frente ardiente en esa fuente
que añoraba mis rejas.
Ahora, aún candente, en la distancia
doliéndome tu prisa,
sólo pido clemencia
anhelando el frescor de la mañana.
Abre los puños para liberarme,
quiero escapar hacia la aurora suave,
afuera está la vida que me espera
tendiéndome las manos.
Quiero asirme con fuerza de esa nube
donde flota mi aliento,
ya no quiero este llanto
de tu amor que me daña;
ansío la luz del sol, la dulce calma
de mis flores azules.
Abre el balcón y suéltame
a la nada
donde disfrutaré mis propios
pensamientos.
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