Francisco Iván Pazualdo
Poeta veterano en el portal
Desolador
Este que luce por morador estribillo
a la caricia que implora mi último disfraz de tristeza
que el rostro me avasalla con su palabra desoladora
yo que dejara mi piel colgada en tu ausencia
ya a mí alrededor ni la inocencia, ni la flor,
es que me he quedado a solas, muy lejos de un fanal,
ni por las pupilas a de haber ríos brotando
ni en las entrañas cariátides con fervor,
ya se fue la última que me había amado
y regreso el hombre desahuciado y polémico
casi olvidado y sin un corazón
que latir pudiera en un jardín de la cruel esperanza.
Ya he agachado la mollera y me he resarcido
algún suspiro de mi vagabunda alma,
es que algo me pasa que hace mucho que no rió,
estoy preocupado por mi, estoy en el torreón
literario de una elegía, hay pedazos de mi memoria
tirados en mi recamara cuando debían estar
los zuecos de la tarde, ahí, inmóviles como mí mirada
Pero soy una hipérbole con el disfraz eterno
de su soledad.
Este que luce por morador estribillo
a la caricia que implora mi último disfraz de tristeza
que el rostro me avasalla con su palabra desoladora
yo que dejara mi piel colgada en tu ausencia
ya a mí alrededor ni la inocencia, ni la flor,
es que me he quedado a solas, muy lejos de un fanal,
ni por las pupilas a de haber ríos brotando
ni en las entrañas cariátides con fervor,
ya se fue la última que me había amado
y regreso el hombre desahuciado y polémico
casi olvidado y sin un corazón
que latir pudiera en un jardín de la cruel esperanza.
Ya he agachado la mollera y me he resarcido
algún suspiro de mi vagabunda alma,
es que algo me pasa que hace mucho que no rió,
estoy preocupado por mi, estoy en el torreón
literario de una elegía, hay pedazos de mi memoria
tirados en mi recamara cuando debían estar
los zuecos de la tarde, ahí, inmóviles como mí mirada
Pero soy una hipérbole con el disfraz eterno
de su soledad.
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