Recuerdo mi infancia.
Recuerdo esos días
en los que mis padres me cogían de la mano
y me regalaban una sonrisa bajo el sol.
Haciendo que en el fondo de mi alma
sonara una tenue canción.
Recuerdo esas cálidas manos
que por las noches me arropaban
y me protegían de esos miedos
que en mi mundo, solo me producía yo.
Recuerdo los ojos de mi madre
con un color de cielo azul infinito
dando siempre un amor
que yo casi nunca respondí.
Recuerdo esas horas en las que mi padre,
sentado en el sillón junto a mí,
me explicaba ese sentido de la vida
que hasta hace bien poco no entendí.
Recuerdo esos eternos días de juego
en los que mi hermano y yo,
nos dejábamos arrastrar hasta donde
nos llevara la marea de la imaginación.
Ellos me enseñaron el sentido de la vida
y del amor.
¡Me enseñaron el sentido de Dios!
Y recuerdo haber visto a unos niños
que no tienen ni padres ni canción.
Niños que no se dejan llevar
por la marea de la imaginación
porque su marea, el polvo de la angustia
la cubrió.
Son niños que no tienen
sonrisas bajo el sol.
Y que de mayores se preguntarán
por la famosa justicia de Dios.
Son niños que cuando les acariciaba la mano
me regalaron un llanto,
que pegado en mi retina se quedó.
( A los niños del orfanato de Home Kisito en Burkina Faso, África )
Recuerdo esos días
en los que mis padres me cogían de la mano
y me regalaban una sonrisa bajo el sol.
Haciendo que en el fondo de mi alma
sonara una tenue canción.
Recuerdo esas cálidas manos
que por las noches me arropaban
y me protegían de esos miedos
que en mi mundo, solo me producía yo.
Recuerdo los ojos de mi madre
con un color de cielo azul infinito
dando siempre un amor
que yo casi nunca respondí.
Recuerdo esas horas en las que mi padre,
sentado en el sillón junto a mí,
me explicaba ese sentido de la vida
que hasta hace bien poco no entendí.
Recuerdo esos eternos días de juego
en los que mi hermano y yo,
nos dejábamos arrastrar hasta donde
nos llevara la marea de la imaginación.
Ellos me enseñaron el sentido de la vida
y del amor.
¡Me enseñaron el sentido de Dios!
Y recuerdo haber visto a unos niños
que no tienen ni padres ni canción.
Niños que no se dejan llevar
por la marea de la imaginación
porque su marea, el polvo de la angustia
la cubrió.
Son niños que no tienen
sonrisas bajo el sol.
Y que de mayores se preguntarán
por la famosa justicia de Dios.
Son niños que cuando les acariciaba la mano
me regalaron un llanto,
que pegado en mi retina se quedó.
( A los niños del orfanato de Home Kisito en Burkina Faso, África )