infeliz?
Feliz
Alejandro: los tesoros de este bosque, con su sábana de niebla,
deben conducirme a un despertar más brillante,
al promordio en la ceniza esplendorosa.
Búho: mira entre las ramas y atisba tu pasado,
en esos tejados de plata y de barro,
que apuntan al crisol de un nuevo día.
Alejandro: aun en los ojos limpios de la Aurora
y su abrazo doblado a esos tejados,
aun en sus frías pupilas de mercurio,
no logro apartarme del color que da muerte a los colores,
del horizonte yermo de las cosas,
desnudo de nubes y abierto al vacío,
tan amplio vacío como gris,
tan alto como gris vacío.
Búho: tú, Alejandro, eres el desposado brazo de la Aurora,
eres luz fujitiva en estas frondas.
Alejandro: sé lo que soy, ahora que ya he muerto.
Tu mirada redonda no va a moldear mi mundo.
Soy un espectro hablando a los espectros
y la noche me aguarda con su báculo romo y su capucha abierta.
Búho: ah, no te engañes ahora, joven,
que la noche te abrirá algo más que su capucha.
Te quitaste la vida y ahora es suya.
Tendrás que deambular muy bien para hallar una salida,
pero, ¿qué es, si no, la vida?
Lirón: ¡Paparruchas! Hazme la vista gorda señor Búho,
que tengo unas palabras para el joven,
y después me meriendas a tus anchas,
que yo soy tan procaz que soy efímero.
Búho: locuaz, diría yo.
Lirón: te vienes a lo oscuro, Alejandro,
porque, si sé de espectros, y no lo soy,
es la existencia así algo tan difuso,
que en el día sois agua que en agua se vierte
y llanto eterno.
Alejandro: la oscuridad es ubre que da negro calostro.
Lirón: mi mundo es tan oscuro como el tuyo y dura menos.
Pero aquí tenemos blancos jazmines,
porque también el bosque es de jardines y de huertos.
Es sueño de los vivos y letargo de muertos.
Y la vanidad tiene que dar paso a lo que sea,
porque aquí entre las piedras,
se mudan las ideas como halo de serpiente.
Búho: ¡Ñam! Es un lirón careto y habla mucho.
Alejandro: no se trata de estar en la oscuridad,
formar parte de la oscuridad que algunos formamos,
sino de... sí, de saber habitar esa oscuridad y sus muros voraces.
Yo no sé.
Búho: yo veo todo lo que pasa por aquí y, creéme,
no eres tan distinto.
Alejandro: ¡Cómo morir en brazos de la muerte,
si no tiene piedad y me revive!
Búho: recuerda que la Aurora, te tiene en su regazo
y nace un nuevo día.
POENA (La conciencia de un alma errante)
Vengo de vientos cálidos, y de un sopor de estómagos vencidos,
Tengo la vista abajo y es púrpura el color de mis mejillas.
Hubo un tiempo en mi tiempo, para morir bebiéndome la vida.
Si echo la vista atrás, supura mi garganta y me abraza la soga en que ha bebido.
En las cuencas hundidas de mis ojos, ahora hay lagunas gélidas, vacías.
Son fósiles de piel, lechos de frío,
que suplantan al río dividido,
que de tanto remar, me suplicó su muerte en dos orillas.
Soy el espectro azul que arde en el limbo,
fatuo, podrido, de gas y de intenciones,
que por buscarse en Dios, encontró a Dío.
Porque en el templo aquel de los pantanos, y de soles de luz y verde brío,
la soledad es cosa de los hombres
y Dios silba el plural que es estar vivo.
deben conducirme a un despertar más brillante,
al promordio en la ceniza esplendorosa.
Búho: mira entre las ramas y atisba tu pasado,
en esos tejados de plata y de barro,
que apuntan al crisol de un nuevo día.
Alejandro: aun en los ojos limpios de la Aurora
y su abrazo doblado a esos tejados,
aun en sus frías pupilas de mercurio,
no logro apartarme del color que da muerte a los colores,
del horizonte yermo de las cosas,
desnudo de nubes y abierto al vacío,
tan amplio vacío como gris,
tan alto como gris vacío.
Búho: tú, Alejandro, eres el desposado brazo de la Aurora,
eres luz fujitiva en estas frondas.
Alejandro: sé lo que soy, ahora que ya he muerto.
Tu mirada redonda no va a moldear mi mundo.
Soy un espectro hablando a los espectros
y la noche me aguarda con su báculo romo y su capucha abierta.
Búho: ah, no te engañes ahora, joven,
que la noche te abrirá algo más que su capucha.
Te quitaste la vida y ahora es suya.
Tendrás que deambular muy bien para hallar una salida,
pero, ¿qué es, si no, la vida?
Lirón: ¡Paparruchas! Hazme la vista gorda señor Búho,
que tengo unas palabras para el joven,
y después me meriendas a tus anchas,
que yo soy tan procaz que soy efímero.
Búho: locuaz, diría yo.
Lirón: te vienes a lo oscuro, Alejandro,
porque, si sé de espectros, y no lo soy,
es la existencia así algo tan difuso,
que en el día sois agua que en agua se vierte
y llanto eterno.
Alejandro: la oscuridad es ubre que da negro calostro.
Lirón: mi mundo es tan oscuro como el tuyo y dura menos.
Pero aquí tenemos blancos jazmines,
porque también el bosque es de jardines y de huertos.
Es sueño de los vivos y letargo de muertos.
Y la vanidad tiene que dar paso a lo que sea,
porque aquí entre las piedras,
se mudan las ideas como halo de serpiente.
Búho: ¡Ñam! Es un lirón careto y habla mucho.
Alejandro: no se trata de estar en la oscuridad,
formar parte de la oscuridad que algunos formamos,
sino de... sí, de saber habitar esa oscuridad y sus muros voraces.
Yo no sé.
Búho: yo veo todo lo que pasa por aquí y, creéme,
no eres tan distinto.
Alejandro: ¡Cómo morir en brazos de la muerte,
si no tiene piedad y me revive!
Búho: recuerda que la Aurora, te tiene en su regazo
y nace un nuevo día.
POENA (La conciencia de un alma errante)
Vengo de vientos cálidos, y de un sopor de estómagos vencidos,
Tengo la vista abajo y es púrpura el color de mis mejillas.
Hubo un tiempo en mi tiempo, para morir bebiéndome la vida.
Si echo la vista atrás, supura mi garganta y me abraza la soga en que ha bebido.
En las cuencas hundidas de mis ojos, ahora hay lagunas gélidas, vacías.
Son fósiles de piel, lechos de frío,
que suplantan al río dividido,
que de tanto remar, me suplicó su muerte en dos orillas.
Soy el espectro azul que arde en el limbo,
fatuo, podrido, de gas y de intenciones,
que por buscarse en Dios, encontró a Dío.
Porque en el templo aquel de los pantanos, y de soles de luz y verde brío,
la soledad es cosa de los hombres
y Dios silba el plural que es estar vivo.
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