José Segundo Cefal
Poeta que considera el portal su segunda casa
Se abre el telón
Puede desvelarse, por fin,
la verdadera naturaleza del hombre.
Ya pueden rendirle un último homenaje.
El hombre como mal representante
de la nula humanidad esta agonizando.
A las almas piadosas
que alimentan el recuerdo de un dios,
que duerman junto al olvido
qué escupan la rabia como esos viejos perros.
El hombre está de pie en la tierra,
pende del viento,
poblando la tierra,
colgado de su osamenta.
Colgado, yo busco en mi rostro mis adentros
soy un perro que escupe la rabia
contra los poemas.
La penumbra esconde las trampas,
ultimas acciones condicionadas.
El nicho, la fosa...
El último respiro a la tarde.
La humanidad ha muerto.
Puede desvelarse, por fin,
la verdadera naturaleza del hombre.
Ya pueden rendirle un último homenaje.
El hombre como mal representante
de la nula humanidad esta agonizando.
A las almas piadosas
que alimentan el recuerdo de un dios,
que duerman junto al olvido
qué escupan la rabia como esos viejos perros.
El hombre está de pie en la tierra,
pende del viento,
poblando la tierra,
colgado de su osamenta.
Colgado, yo busco en mi rostro mis adentros
soy un perro que escupe la rabia
contra los poemas.
La penumbra esconde las trampas,
ultimas acciones condicionadas.
El nicho, la fosa...
El último respiro a la tarde.
La humanidad ha muerto.