IRMA RUTH DEL ANGEL DEL A
Poeta recién llegado
ESAS, TUS MANOS.
Me encantaban sus manos acariciando mi espalda.
Esas manos duras y firmes.
Manos que sabían de tierra, de necesidad;
que lo mismo sabían de dolor, muerte y generosidad.
Que lo mismo servían para dominar a la bestia, tirar metralla, crear estrategias, levantar al caído.
Pero cuando se deslizaban por mi cuerpo,
eran la guitarra que rasgaba el romance de nuestra pasión.