José Segundo Cefal
Poeta que considera el portal su segunda casa
He visto a Jose Segundo Cefal por las Ramblas.
Serio, cansado.
Resistiéndose a envejecer,
con sus ya no tan ligeros pasos.
En su cuello una bufanda escocesa.
De lejos parecía el principito,
a pesar de su pelo tan corto
y su bigote recién estrenado.
Por suerte él no me ha visto.
Yo no estaba para aguantarle
sus rollos sobre Dios
y sus ideas absurdas.
He recordado el día que en su casa,
borrachos todos,
empezó a acosarme.
Yo accedí.
Fue un fracaso.
Casi ni se le levantó.
Se arrodillo y me la chupó.
Parecía un perro, ahí arrodillado.
No daba pena, daba asco.
Recuerdo que cuando llegue a mi casa
rompí todos los escritos que me había dado.
¿Pero cómo podía haber estado enamorado
de un escritor tan malo?
Serio, cansado.
Resistiéndose a envejecer,
con sus ya no tan ligeros pasos.
En su cuello una bufanda escocesa.
De lejos parecía el principito,
a pesar de su pelo tan corto
y su bigote recién estrenado.
Por suerte él no me ha visto.
Yo no estaba para aguantarle
sus rollos sobre Dios
y sus ideas absurdas.
He recordado el día que en su casa,
borrachos todos,
empezó a acosarme.
Yo accedí.
Fue un fracaso.
Casi ni se le levantó.
Se arrodillo y me la chupó.
Parecía un perro, ahí arrodillado.
No daba pena, daba asco.
Recuerdo que cuando llegue a mi casa
rompí todos los escritos que me había dado.
¿Pero cómo podía haber estado enamorado
de un escritor tan malo?
Última edición: