José Segundo Cefal
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ahora trabajo en una pastelería.
A las siete de la mañana llega
el repartidor de repostería.
Deja la furgoneta en doble fila
y nos entrega el pedido.
Es moreno, alto, forzudo
y en su mirada se ve el espíritu
del hombre duro.
De esos machos rudos que te dejan satisfecho.
Me gusta cuando deja el pedido en la tarima.
Esquivo la mirada sin dejar de desearlo.
Porque va siempre con prisas,
porque si no...
Bueno colocaré el pedido...
Lo estaré esperando...
Sé que mañana volverá...
¿Por qué me habré vuelto tan tonto,
que no acabo ninguna frase?
Será amor...
A las siete de la mañana llega
el repartidor de repostería.
Deja la furgoneta en doble fila
y nos entrega el pedido.
Es moreno, alto, forzudo
y en su mirada se ve el espíritu
del hombre duro.
De esos machos rudos que te dejan satisfecho.
Me gusta cuando deja el pedido en la tarima.
Esquivo la mirada sin dejar de desearlo.
Porque va siempre con prisas,
porque si no...
Bueno colocaré el pedido...
Lo estaré esperando...
Sé que mañana volverá...
¿Por qué me habré vuelto tan tonto,
que no acabo ninguna frase?
Será amor...