Raúl Donoso P.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Las ojeras apretaban mis lágrimas
haciendo más incontenible el sollozo,
mis manos oprimían la cara
y un nudo en el estómago arremolinaba hasta el esófago,
haciendo colosal la brecha ,
ahogando el extenuante vacío.
¿Dónde me encuentro?
susurraba al oído
haciendo caso omiso de quien danzaba entre mis ojos
y una sombría mirada centelleaba desde mi alma
mostrando figuras agazapadas,
quienes se acercaban para cuchichearme ,
la suerte estaba echada.
Taciturno escuchaba delirios
y las ojeras ennegrecían la llamarada,
que mis labios alguna vez albergaran,
hoy llenos de rictus y comprimidos ronquidos,
entre las sienes extraviadas.
Lúgubre mordisqueaba las paredes
donde caía saliva salada
oxidando la cerradura habitante de su morada
y encerrado permanecía impávido,
esperando cayera la hoz
sobre los hombros que ya nada sostenían.
¡¿Dónde me he ido?!,
continuamente musitaba,
¡¿dónde se ha quedado mi esperanza?!
entre dientes mascullaba,
espantando las moscas que sobre mi boca se posaban
¡¿dónde encuentro la razón?!...,
extraviada , por el sólo echo de besar una flor
habiendo convertido los pétalos carmesí,
en aguadas púas , junto al juicio,
de algunos señores que palidecían,
porque nadie les había abofeteado las ojeras ,
que pueriles fueron conquistando mi sin razón
haciendo más incontenible el sollozo,
mis manos oprimían la cara
y un nudo en el estómago arremolinaba hasta el esófago,
haciendo colosal la brecha ,
ahogando el extenuante vacío.
¿Dónde me encuentro?
susurraba al oído
haciendo caso omiso de quien danzaba entre mis ojos
y una sombría mirada centelleaba desde mi alma
mostrando figuras agazapadas,
quienes se acercaban para cuchichearme ,
la suerte estaba echada.
Taciturno escuchaba delirios
y las ojeras ennegrecían la llamarada,
que mis labios alguna vez albergaran,
hoy llenos de rictus y comprimidos ronquidos,
entre las sienes extraviadas.
Lúgubre mordisqueaba las paredes
donde caía saliva salada
oxidando la cerradura habitante de su morada
y encerrado permanecía impávido,
esperando cayera la hoz
sobre los hombros que ya nada sostenían.
¡¿Dónde me he ido?!,
continuamente musitaba,
¡¿dónde se ha quedado mi esperanza?!
entre dientes mascullaba,
espantando las moscas que sobre mi boca se posaban
¡¿dónde encuentro la razón?!...,
extraviada , por el sólo echo de besar una flor
habiendo convertido los pétalos carmesí,
en aguadas púas , junto al juicio,
de algunos señores que palidecían,
porque nadie les había abofeteado las ojeras ,
que pueriles fueron conquistando mi sin razón
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