el albatros
Poeta recién llegado
Ni la presbicia me impedirá
la seda roja de esos muslos
que esculpen los renglones,
como regueros de saliva,
como lo que siento al acostarme.
Salgo del pañuelo
que mojaron tantas vidas,
para vengarme de mí
y volver a la incomparable
calor del fuego sombrío,
viviendome de frío...
Seda roja.
el vértigo ataca
al que ordena sus años
al que ordena a sus años
explotar su valor.
Tengo algunos años en Dulcinea,creo.
Otros en el sudor de mis manos,
y otros y estos extraviados
en el primer cajón de una mesita
que aguanta el flexo de lo inhóspito,
con su pulso de aglomerado.
En el segundo hay seda roja.
y cuesta mas llegar alli
desde el colchon.
Pero aprendí antes a pintar
que a escribir.
la seda roja de esos muslos
que esculpen los renglones,
como regueros de saliva,
como lo que siento al acostarme.
Salgo del pañuelo
que mojaron tantas vidas,
para vengarme de mí
y volver a la incomparable
calor del fuego sombrío,
viviendome de frío...
Seda roja.
el vértigo ataca
al que ordena sus años
al que ordena a sus años
explotar su valor.
Tengo algunos años en Dulcinea,creo.
Otros en el sudor de mis manos,
y otros y estos extraviados
en el primer cajón de una mesita
que aguanta el flexo de lo inhóspito,
con su pulso de aglomerado.
En el segundo hay seda roja.
y cuesta mas llegar alli
desde el colchon.
Pero aprendí antes a pintar
que a escribir.