AUGUSTO SILVA ACEVEDO
Poeta veterano en MP
FLOR EN TUS LABIOS
En Huanta reinó el amor:
el estío impregnó de luces
tu piel y mis besos y las
pocas mariposas revolotearon
el entorno enmudecido,
de una tarde que no llegó a abril.
Soñé y viví una realidad
en tu abdomen y fui flor
en tus labios, lirio y montaña
en tus manos y geografía
eterna en tu aliento sedoso.
¡OH mujer Champaña!,
en mi embeleso, las rosas
francesas, no podrán alcanzarte,
sino hasta junio, cuando
tus brazos abarquen el mundo
y mi anhelo se haya cumplido
en un suspiro, en donde estallará
la luna en pedazos, para alimentar
al amor de nosotros dos,
que ya somos uno, en uno...
¡AY violoncela espigada!,
el color de tu carne esmeralda,
suple las veces del crepúsculo
allá en Cinco Esquinas,
donde la chicha de siete semillas,
endulzaba tus labios, y adormecía
el calor de la tarde verde de tu tierra.
Amé los niños de tu barrio
y ahí reinó el amor, porque
abrías los ojos cada mañana,
cuando yo te soñaba despierto...
Te amaba y Cristo desde arriba
bendecía tus pasos y sonreía,
por verme feliz. La madrugada
soñaba conmigo y yo te amaba,
porque en Huanta reinó el amor...
Augus abril 2005.
En Huanta reinó el amor:
el estío impregnó de luces
tu piel y mis besos y las
pocas mariposas revolotearon
el entorno enmudecido,
de una tarde que no llegó a abril.
Soñé y viví una realidad
en tu abdomen y fui flor
en tus labios, lirio y montaña
en tus manos y geografía
eterna en tu aliento sedoso.
¡OH mujer Champaña!,
en mi embeleso, las rosas
francesas, no podrán alcanzarte,
sino hasta junio, cuando
tus brazos abarquen el mundo
y mi anhelo se haya cumplido
en un suspiro, en donde estallará
la luna en pedazos, para alimentar
al amor de nosotros dos,
que ya somos uno, en uno...
¡AY violoncela espigada!,
el color de tu carne esmeralda,
suple las veces del crepúsculo
allá en Cinco Esquinas,
donde la chicha de siete semillas,
endulzaba tus labios, y adormecía
el calor de la tarde verde de tu tierra.
Amé los niños de tu barrio
y ahí reinó el amor, porque
abrías los ojos cada mañana,
cuando yo te soñaba despierto...
Te amaba y Cristo desde arriba
bendecía tus pasos y sonreía,
por verme feliz. La madrugada
soñaba conmigo y yo te amaba,
porque en Huanta reinó el amor...
Augus abril 2005.