Carlos Clemente Olivares
Poeta recién llegado
Té vi surcando entre árboles y maleza
Escondiendo tu rostro de mi mirada,
Tímida y frágil como una suave caricia.
En tus tobillos, la silueta de unas alas,
Alas que indicaban libertad o ansias de volar,
No lo sé.
Vi tu silueta dibujada en la luna
Y alimentaste con luz tenue mis cegados ojos
Tus suaves manos se posaron en mi frente
Delicadas y frías disolviendo mi fiebre.
Tan momentáneamente como un suspiro,
Te busque a mi lado y ahí estabas
Me decías que, ahora, éramos el uno parte del otro
Me pediste te siguiera por esa vereda absurda
Y ya accedí cegado por tu indescriptible belleza.
Corrí tras de ti hasta llegar a aquel lago
Y mi cuerpo se estremeció al ver el cielo marcado
Lleno de oscuridad y pesadumbre
Lleno de basura y podredumbre.
Y en medio de todo tu.
Tu figura tomó un brillo ascendente
Y tus ojos se tornaron de un oscuro destello obsidiana
Tu voz angelical, cambió su tonada a retumbo del infierno
Y solo oí de tu boca decir.
Ya estás conmigo, nada habrá de separarnos
Escondiendo tu rostro de mi mirada,
Tímida y frágil como una suave caricia.
En tus tobillos, la silueta de unas alas,
Alas que indicaban libertad o ansias de volar,
No lo sé.
Vi tu silueta dibujada en la luna
Y alimentaste con luz tenue mis cegados ojos
Tus suaves manos se posaron en mi frente
Delicadas y frías disolviendo mi fiebre.
Tan momentáneamente como un suspiro,
Te busque a mi lado y ahí estabas
Me decías que, ahora, éramos el uno parte del otro
Me pediste te siguiera por esa vereda absurda
Y ya accedí cegado por tu indescriptible belleza.
Corrí tras de ti hasta llegar a aquel lago
Y mi cuerpo se estremeció al ver el cielo marcado
Lleno de oscuridad y pesadumbre
Lleno de basura y podredumbre.
Y en medio de todo tu.
Tu figura tomó un brillo ascendente
Y tus ojos se tornaron de un oscuro destello obsidiana
Tu voz angelical, cambió su tonada a retumbo del infierno
Y solo oí de tu boca decir.
Ya estás conmigo, nada habrá de separarnos