Ayer la ví, señora de señoras
de reojo me miró como si nada.
Yo guardo el fuego aún, de aquellas horas,
que para ella parecen congeladas.
Diríase, que nada ya atesora
su corazón,de aquellas madrugadas.
Se vé tán bella así, ¡tán tentadora!
como una estrella brillante, ¡tán lejana!.
Ayer la ví, señora de señoras
al otro lado de la calle, y apurada
su cara ví reir,mas, pienso ahora:
su corazón...seguro que lloraba.
de reojo me miró como si nada.
Yo guardo el fuego aún, de aquellas horas,
que para ella parecen congeladas.
Diríase, que nada ya atesora
su corazón,de aquellas madrugadas.
Se vé tán bella así, ¡tán tentadora!
como una estrella brillante, ¡tán lejana!.
Ayer la ví, señora de señoras
al otro lado de la calle, y apurada
su cara ví reir,mas, pienso ahora:
su corazón...seguro que lloraba.
Marino Fabianesi