Amartemisa
Poetisa
Caminabas cerca mía
cada domingo, con las botas nuevas,
con tu pelo crecido, como tu voz,
y al verme, tus ojos me saludaban
enturbiados con respeto por los míos.
Algo en ti me sonreía muy familiar,
estuviste cerca de mis pasos sin saberlo.
Siempre tuvimos amigos comunes,
lugares afines donde volaban
palabras y canciones de guitarra,
algunos bancos pintados,
las bolsas de pipas, los litros
y algún que otro beso
entre arrumacos o ilusiones con final.
De mi casa asomaban unas lágrimas
pintadas de inestables rincones
y tú manejabas la mansión de la soledad
entre enredaderas y arenas movedizas,
pero entre tu casa y la mía
tan sólo había un cruce de palabras.
¡Qué fácil era enamorarnos!
Si hubiera sabido algo más que tu nombre,
o al menos tu mirada se hubiera sentado
junto a la mía, como ahora, de la mano.
Si al menos tu guitarra me hubiera tocado,
o a mi se me hubiera escapado algún verso.
Y qué importan ya estas cosas
Siempre has estado aquí.
cada domingo, con las botas nuevas,
con tu pelo crecido, como tu voz,
y al verme, tus ojos me saludaban
enturbiados con respeto por los míos.
Algo en ti me sonreía muy familiar,
estuviste cerca de mis pasos sin saberlo.
Siempre tuvimos amigos comunes,
lugares afines donde volaban
palabras y canciones de guitarra,
algunos bancos pintados,
las bolsas de pipas, los litros
y algún que otro beso
entre arrumacos o ilusiones con final.
De mi casa asomaban unas lágrimas
pintadas de inestables rincones
y tú manejabas la mansión de la soledad
entre enredaderas y arenas movedizas,
pero entre tu casa y la mía
tan sólo había un cruce de palabras.
¡Qué fácil era enamorarnos!
Si hubiera sabido algo más que tu nombre,
o al menos tu mirada se hubiera sentado
junto a la mía, como ahora, de la mano.
Si al menos tu guitarra me hubiera tocado,
o a mi se me hubiera escapado algún verso.
Y qué importan ya estas cosas
Siempre has estado aquí.