Raúl Donoso P.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Lo siento mi amor
,
pero mi sangre siempre ha sido muy caliente
y una discusión más , aún revolvía mi cabeza,
pateando groserías en mi maleta
internaba mi figura en una noche inmensa.
pero mi sangre siempre ha sido muy caliente
y una discusión más , aún revolvía mi cabeza,
pateando groserías en mi maleta
internaba mi figura en una noche inmensa.
Lo siento amor
,
mis palabras suenan a costumbre
y no al fuego ardiente bullente en mi interior,
mis palabras las paladeo a mala costumbre
y no a la intensidad habitante desde mi leño y su fulgor.
mis palabras suenan a costumbre
y no al fuego ardiente bullente en mi interior,
mis palabras las paladeo a mala costumbre
y no a la intensidad habitante desde mi leño y su fulgor.
Lo siento
,
pero mi sangre hervía de caliente,
los faroles saludaban mi paso
y la taberna avistaba fugaz mi encuentro,
aún las copas se vestían de sabor amargo,
cuando por la rendija de mis pupilas
se asomó un escote incitante e insistente,
sus piernas hasta el cielo subían mi ascensor
y entre hastío, flirteo y excitación,
el apartamento invitaba a un apasionado saxofón.
pero mi sangre hervía de caliente,
los faroles saludaban mi paso
y la taberna avistaba fugaz mi encuentro,
aún las copas se vestían de sabor amargo,
cuando por la rendija de mis pupilas
se asomó un escote incitante e insistente,
sus piernas hasta el cielo subían mi ascensor
y entre hastío, flirteo y excitación,
el apartamento invitaba a un apasionado saxofón.
Cuanto lo siento
, ¿amor?
,
pero sus labios eran cada vez más dulces
y su rubia melena se revolvía en mi , aposento,
apretaba la mirada y te veía en mi adentro,
más su escote ya no era un impedimento,
para arremolinarlo entre mis besos,
ansiosos y desesperados de consumir el veneno,
caía de rodillas entre sus muslos de terciopelo,
que abiertos se agitaban sosteniendo mis revueltas canas entre sus dedos,
gimiendo ronquidos que exhalaba como una leona en celo.
pero sus labios eran cada vez más dulces
y su rubia melena se revolvía en mi , aposento,
apretaba la mirada y te veía en mi adentro,
más su escote ya no era un impedimento,
para arremolinarlo entre mis besos,
ansiosos y desesperados de consumir el veneno,
caía de rodillas entre sus muslos de terciopelo,
que abiertos se agitaban sosteniendo mis revueltas canas entre sus dedos,
gimiendo ronquidos que exhalaba como una leona en celo.
Un suspiro detenía la noche
y las estrellas bailaban una balada
en compás con la brisa que abrigaba la velada,
solazando mi mirada directa a la espalda,
como su piel alba se deslizaba en dirección a la ventana,
más escuchaba tu voz que repicaba en la sala,
¿de verdad lamentas estar ahí con esa dama?,
y una sonrisa exhausta se dejaba en mi cara
y las estrellas bailaban una balada
en compás con la brisa que abrigaba la velada,
solazando mi mirada directa a la espalda,
como su piel alba se deslizaba en dirección a la ventana,
más escuchaba tu voz que repicaba en la sala,
¿de verdad lamentas estar ahí con esa dama?,
y una sonrisa exhausta se dejaba en mi cara