José Segundo Cefal
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tengo un ataúd pequeño
donde escondo
los cadáveres de tantos sueños.
Murió el sueño de ese hijo que creció,
al que ahora admiro,
pero murió el niño
y ahora guardo
sus por qués interminables,
mi colección de piruetas
que nunca practicamos
con el balón de reglamento
que su madre le compró.
y guardo la desesperante rabia
de tantos días perdidos.
Guardo tiempos de viento,
de pasear por la playa
que hoy es un club deportivo,
Guardo también los momentos muertos
de unos cuerpos excitados,
perversos en sus intenciones
de frotarse y calentarse
frente el fuego,
en el pórtico de la desvalijada
escena.
Y la escena murió,
como el fuego,
como algunos de esos cuerpos
olvidados
que yo escondo en este pequeño ataúd.
Perpetuo camino
que sigo.
Ese nunca muere, va conmigo.
y conmigo llevaré el ataúd mientras viva
o mientras muera.
donde escondo
los cadáveres de tantos sueños.
Murió el sueño de ese hijo que creció,
al que ahora admiro,
pero murió el niño
y ahora guardo
sus por qués interminables,
mi colección de piruetas
que nunca practicamos
con el balón de reglamento
que su madre le compró.
y guardo la desesperante rabia
de tantos días perdidos.
Guardo tiempos de viento,
de pasear por la playa
que hoy es un club deportivo,
Guardo también los momentos muertos
de unos cuerpos excitados,
perversos en sus intenciones
de frotarse y calentarse
frente el fuego,
en el pórtico de la desvalijada
escena.
Y la escena murió,
como el fuego,
como algunos de esos cuerpos
olvidados
que yo escondo en este pequeño ataúd.
Perpetuo camino
que sigo.
Ese nunca muere, va conmigo.
y conmigo llevaré el ataúd mientras viva
o mientras muera.