coral
Una dama muy querida en esta casa.
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Tu frágil cuerpo,
tus párpados entre cerrados
y de tus labios palabras
escapando como una brisa
perdida entre los vientos
susurrantes,
sin que nadie perciba
lo que estás sufriendo.
¡Como quisiera tomarte entre mis brazos!
para escaparnos y encontrar un cielo.
¡No tuve tiempo para demostrarte
cuanto te quiero!
OH dulce madre, espiga doblegada,
entre huracanes segaste tus trigales,
amaste tanto y tanto te entregaste,
que hasta olvidaste desplegar tus alas
para sentir el calor del sol en tu plumaje.
Hoy reposan tus sienes en la almohada,
sin pensamientos que te roben ya la calma
sin que te escuchen, porque tu voz es muda
y porque hace mucho se apoderaron de tu vida.
¡Ay! mundo infame… cuando se aproxima la partida,
cuando nuestra vida se debate en agonía,
cuando se apoderan de todo los sentidos
¡cuando nadie se da cuanta que sufrimos!
No quisiera que de mi lado te marcharas
y que partieras para nunca más mirarte,
pero me duele tanto verte tan pequeña,
doblegada y ya sin esperanza,
una niña con famélica mirada
como rogando al cielo que te devuelva el alma.
¡Hoy el cielo te tomo en sus brazos!
te llevó con tu frágil cuerpo delicado...
Para brindarte un reino, donde escuharás
el canto de los ángeles,
donde verás la luz tan lejos del pecado,
donde ya no sufrirás por tantos desengaños
y tu alma retosará entre la suve brisa
que es el beso de Dios con su caricia.
Yo me quedo en este mundo tan extraño
esperando ¡por mucho tiempo y recordandote!
he de pagar con larga espera mis pecados
para volar por siempre y tener paz
de nuevo entre la ternura de tus brazos.
Y ... mientras pasa el tiempo, todos los días
que me queda ya de vida
!seguiré recordandote madre mía¡
Prudencia Arenas
Coral. Enero 31 de 2009
Tu frágil cuerpo,
tus párpados entre cerrados
y de tus labios palabras
escapando como una brisa
perdida entre los vientos
susurrantes,
sin que nadie perciba
lo que estás sufriendo.
¡Como quisiera tomarte entre mis brazos!
para escaparnos y encontrar un cielo.
¡No tuve tiempo para demostrarte
cuanto te quiero!
OH dulce madre, espiga doblegada,
entre huracanes segaste tus trigales,
amaste tanto y tanto te entregaste,
que hasta olvidaste desplegar tus alas
para sentir el calor del sol en tu plumaje.
Hoy reposan tus sienes en la almohada,
sin pensamientos que te roben ya la calma
sin que te escuchen, porque tu voz es muda
y porque hace mucho se apoderaron de tu vida.
¡Ay! mundo infame… cuando se aproxima la partida,
cuando nuestra vida se debate en agonía,
cuando se apoderan de todo los sentidos
¡cuando nadie se da cuanta que sufrimos!
No quisiera que de mi lado te marcharas
y que partieras para nunca más mirarte,
pero me duele tanto verte tan pequeña,
doblegada y ya sin esperanza,
una niña con famélica mirada
como rogando al cielo que te devuelva el alma.
¡Hoy el cielo te tomo en sus brazos!
te llevó con tu frágil cuerpo delicado...
Para brindarte un reino, donde escuharás
el canto de los ángeles,
donde verás la luz tan lejos del pecado,
donde ya no sufrirás por tantos desengaños
y tu alma retosará entre la suve brisa
que es el beso de Dios con su caricia.
Yo me quedo en este mundo tan extraño
esperando ¡por mucho tiempo y recordandote!
he de pagar con larga espera mis pecados
para volar por siempre y tener paz
de nuevo entre la ternura de tus brazos.
Y ... mientras pasa el tiempo, todos los días
que me queda ya de vida
!seguiré recordandote madre mía¡
Prudencia Arenas
Coral. Enero 31 de 2009
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