Para salvar las distancias
entre tantos sacrificios;
Drácula compró un autito,
un viejo furgón funerario.
Lo adaptó con luces negras
para excursiones de día;
no sea que el sol de la siesta
lo broncee en demasía.
Adaptó necesariamente
un sarcófago a medidas;
hecho de fina madera
de Transilvania traída.
Le puso llantas cromadas
dijo que mejor se verían
y cuatro gomas preciosas
¡vean que maravillas!.
Quiso su mala suerte un día
volviendo de sus travesías;
pinchar un par de neumáticos
¡Que malasangre se hacía!
Buscando en derredores
no observaba gomería;
que solucione el problema
porque el día amanecía.
Se resignó que a su esfuerzo
cambiar los neumáticos debía;
buscó del baúl su hidráulico,
lo colocó y al furgón lo subía.
Se arrodilló conveniente,
aflojar las tuercas debía;
se asió de la llave cruz
y allí mismo se moría.
¡Mire don, paradojas de esta vida!
no haber nadie que lo impida;
el pez por la boca muere,
Drácula por no haber gomerías.