AMANT
Poeta adicto al portal
Dame el amor
que fulgura en tus ojos,
como una luna
hecha de luz y ternura;
el anhelo más intenso
que habita el alma tuya.
Dame tu enojo,
que agrisa las tardes más claras;
el silencio que de tu cuerpo,
manantial de termales aguas, mana,
ese de cuyos efluvios,
beber quiere mi boca;
los arcos de tus cejas
que disparan enamoradas miradas.
Dame el sol de tu sonrisa,
para crear una nueva galaxia,
esa que luminosa captura
las nocturnas mariposas
de mis pupilas,
que se adhieren a ella
a sabiendas
de que podrían morir
entre sus dulces llamaradas.
Sí, dame el puente de tus orejas
para delinearlo
con el sordomudo contacto
de mis dedos
y provocar un sutil cosquilleo
en todo tu cuerpo.
Déjame penetrar tu oído...
con mi canto de amor.
Dame los azabaches hilos
que tejen mii locura,
que, como una lluvia
de líquida noche,
se precipitan
desde la grisácea nube de tu razón
y caen así
como cae mi esencia,
rendida ante vos.
Dame tus labios,
Sí, dame un beso,
que anegue mis sentidos
y llene de embeleso
mi aterido corazón,
la saliva
en la que nadan tus palabras,
tu tristeza, tu dolor.
Dame el ying yang de tus ojos,
las curvas melifluas de tu sonrisa,
cuando me miras,
el discurrir de tus horas,
lo que no quieres de vos,
dame de tus brazos, los lazos
y los látigos...
Dame la sed de tus senos...,
la seda de tus senos.
Dame tus noches,
esas en que te asalta el deseo
y roba tu pensamiento,
esas en que tus ríos se desbordan,
en sombría soledad.
Dame tu mano
para, con la mayor delicadeza, asirla,
como si de pétalos y espuma
estuviese hecha,
para deambular por
la escabrosa senda
de la existencia,
sin temor, segura.
Dame tu amor,
ese alado, invisible, ciego, etéreo,
que de éxtasis cunde mi vida.
Amada mía: por favor, dame tu amor.
que fulgura en tus ojos,
como una luna
hecha de luz y ternura;
el anhelo más intenso
que habita el alma tuya.
Dame tu enojo,
que agrisa las tardes más claras;
el silencio que de tu cuerpo,
manantial de termales aguas, mana,
ese de cuyos efluvios,
beber quiere mi boca;
los arcos de tus cejas
que disparan enamoradas miradas.
Dame el sol de tu sonrisa,
para crear una nueva galaxia,
esa que luminosa captura
las nocturnas mariposas
de mis pupilas,
que se adhieren a ella
a sabiendas
de que podrían morir
entre sus dulces llamaradas.
Sí, dame el puente de tus orejas
para delinearlo
con el sordomudo contacto
de mis dedos
y provocar un sutil cosquilleo
en todo tu cuerpo.
Déjame penetrar tu oído...
con mi canto de amor.
Dame los azabaches hilos
que tejen mii locura,
que, como una lluvia
de líquida noche,
se precipitan
desde la grisácea nube de tu razón
y caen así
como cae mi esencia,
rendida ante vos.
Dame tus labios,
Sí, dame un beso,
que anegue mis sentidos
y llene de embeleso
mi aterido corazón,
la saliva
en la que nadan tus palabras,
tu tristeza, tu dolor.
Dame el ying yang de tus ojos,
las curvas melifluas de tu sonrisa,
cuando me miras,
el discurrir de tus horas,
lo que no quieres de vos,
dame de tus brazos, los lazos
y los látigos...
Dame la sed de tus senos...,
la seda de tus senos.
Dame tus noches,
esas en que te asalta el deseo
y roba tu pensamiento,
esas en que tus ríos se desbordan,
en sombría soledad.
Dame tu mano
para, con la mayor delicadeza, asirla,
como si de pétalos y espuma
estuviese hecha,
para deambular por
la escabrosa senda
de la existencia,
sin temor, segura.
Dame tu amor,
ese alado, invisible, ciego, etéreo,
que de éxtasis cunde mi vida.
Amada mía: por favor, dame tu amor.
Última edición: