Joven: Me insulta usted a mí al decir que yo insulto al pueblo judío (si es que está suficientemente definido lo que sea "pueblo judío"). Sé distinguir muy bien entre eso que usted llama "pueblo judío" y esa perversión criminal, fanática y morbosa en que han venido a caer algunos de sus miembros que se llama "sionismo".
Condeno y condenaré al sionismo con todas mis fuerzas porque condeno sus acciones contra el pueblo que vivía desde siglos en Palestina, mientras los antepasados de estos sionistas vivían en Europa y en muchos otros lugares del mundo hasta que se les ocurrió (hace sólo 50 años) la siniestra idea de arrojar a sangre y fuego a los palestinos de su tierra para ponerse a vivir en su lugar, con la complacencia de las potencias neocoloniales que pretenden usar al estado sionista como gendarme que controle las enormes reservas de petróleo de aquellas regiones del planeta. No se puede arrojar de su tierra a sus legítimos pobladores en virtud de ninguna mesiánica promesa que carece de sentido histórico para todo aquel que no esté enloquecido por el más perverso fanatismo identitario que parió este planeta. Esos invasores que se llaman judíos eran y son alemanes, rusos, checos, polacos, norteamericanos, etc. desde generaciones y generaciones. Son los palestinos los auténticos habitantes de lo que hoy se llama Estado de Israel, esos a los que hoy se masacra sin piedad, sin distinción de edad, género ni grado de implicación en la legítima resistencia contra el invasor.
Yo respeto al pueblo judío sufriente y víctima muchas veces a lo largo de la Historia, por mano de los babilonios y los egipcios entre otros hace más de 2000 años, por mano de los griegos en tiempos de los macabeos, por mano de los romanos, que destruyen su Templo en el siglo I de nuestra era, de los Reyes Católicos de España que los expulsan de aquí en el siglo XV, y de los nazis, en el siglo XX. Respeto a ese colectivo que tantos hombres admirables, que tengo en el mayor aprecio, ha dado de sí desde Jesús de Nazareth a Eric Hobsbawn pasando por Maimónides, Karl Marx, Einstein y tantos otros. Por todo ello aún me irrita más que, en nombre de un pueblo que tanto ha sufrido, se pase de víctima a verdugo en no más de cincuenta años. No, estos verdugos sionistas enloquecidos no pueden representar a las víctimas del Holocausto nazi; más bien se parecen a sus verdugos nazis.
Y, si consideramos lícito invadir un país con las escrituras de propiedad de hace tres mil años, tan lícito sería entonces que los descendientes de los moriscos o judíos, que también conservan hasta las llaves de las puertas de sus antiguas casas en Granada, Córdoba, Sevilla, reclamasen Andalucía en compensación por el expolio de hace ¡sólo 500 años!. O los quechuas, araucanos, incas, etc. la América latina de las que casi se los exterminó como pueblo hace 400 años; o los sioux, apaches, arapahoes, semínolas, etc. con los EE.UU. de América hace tan sólo 200 años.
Distinga usted en primer lugar víctimas de verdugos y luego podremos empezar a hablar de justicia y de paz.
Piense. Los judíos, algunos, se distinguieron por la claridad de su pensamiento. Es el camino que yo, que desconozco cual sea realmente ni mi raza ni mi dios, practico y recomiendo.
Siga usted bien,