Paso a paso
con la cabeza abajo
y la mirada clavada al suelo,
en las manos envuelto en un velo
empapado de rojos sueños
sangrante corazón entrego.
Aún deja escuchar latidos ciegos,
lamentos del moribundo
que sin perder la esperanza
convierte en entristecidos ruegos
un amor que jugó a cambiar tu mundo.
Recibe de estas manos
el premio resultante de tu desamor,
guárdalo como el mayor de tus tesoros;
ponlo en ese sagrado rincón
que sólo tú visitas
y cada vez que quieras ver perfidia
ve este corazón que muy quedo aún palpita
sin perder la esperanza inicua.
Deja tu asombro,
borra de tu rostro la tristeza impía
acepta tu gozo
al ver este ser que fue alborozo
deambular por la vida
sin sueños, con el anhelo
de mitigar algún día su agonía
Sibelius.