Chepeleon Arguello
Poeta veterano en el Portal
El cantinero de las horas y dueño del prostíbulo de la vida,
proclama y brinda, por el final del tu pernicioso tiempo.
Mientras Ellos, los frustrados testigos de tu existencia,
sorben el trago de tus recuerdos infecundos,
adornados por el hielo agrio de la distante felicidad,
para terminan llorando la fatídica despedida.
¡Última ronda!
Quisiera que dijeran el cantinero
para desembriagarme de tantos adioses.
Con los ojos cansados por mentir, rehúyes la realidad,
la jeringa inyecta la morfina de una sonrisa en tu rostro.
No hay espacio en tus pulmones para respirar esperanzas.
Piedad no pides al que hace medidas de tu despojos
y comercializa con fingida tristeza la postal de tu muerte.
Nada más que el mismo miedo sacrificamos en la espera.
Vivir, para mí, en estos momentos de impureza,
requiere más que la inmundicia del cáncer en mí vientre,
o el respirar cansado de los latidos desiguales
que envilecen los segundos por la inercia de la cobardía.
Me lo dices con ironía y entrecortada pausa.
Con sus garras afilada en el odio de tu carne
ha estrujado con demencia el centro de tu gravedad,
sembrando con sañas las dudas en tu bello corazón de humano.
¿Qué si lo sabes? Puedes negarlo.
Pero el final de tus días ha sido cautivado
por el libertino milagro que no llega.
Por si fuera verdad los que proclaman a Dios,
en la sola idea de su existencia, se aferran tus miedos
con las uñas de un rosario.
Para que se ahogara la impaciente prórroga,
el tímido campanazo anunció la muerte de la costumbre:
Ya nada existe para Vos, con la misma intensidad,
dejo de estremecerse el reloj de la rutina en tu mirada.
En tu cuarto pululan los secretos rotos
las confesiones abruptas, búsqueda del la salvación
y sus ecos, como el algodón de azúcar han venido
derritiéndose en las paredes imperfectas de tu nueva realidad:
La deshumanización de tu orgullo de mujer, madre, hija y amante.
En las esquinas incoloras; el perdón- de los que te aman,
al pie del abismo desnudado por el miedo de toda importancia.
Los minutos, copan de sombras los deformes ventanales
metódicamente cuadrados de esperanzas redondas,
donde anónimos zombis sangran de los ojos, las imágenes
de tu cuerpo sodomizado por la tecnología moderna.
Explotan sin prisa tus venas por la quimioterapia de la indiferencia,
tus pechos vacios de vida, amamantan por última vez,
el cuerpo desnutrido del mañana que en respuesta aborto tus sueños.
Nada, ni Vos, ni Yo, ni Ellos,
ni las plegarias en Iglesias vacías,
ni el útero frío de ídolos pétreos
ni los horrores de tus células transmutadas
son capaces de descifrar los efectos y contra efectos de los fármacos
buscando aliviar la rutina asfixiante hacia la muerte que nunca se logro.
Y te niegas a decir o a callar la última palabra
mientras tus ojos cansados de mentir felicidad
no encuentran una lágrima al cerrarlos.
Gritan los huesos y sus alaridos estremecen la piel del silencio.
A paso y paso, se van durmiendo los latidos en el monitor
¡bip!
¡Bip!
¡Bip! .Biiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.
Perdió la tecnología, ceso la vida en tu cuerpo,
rumbo a confirmar la existencia de Dios, Belcebú,
o la simple nada.
proclama y brinda, por el final del tu pernicioso tiempo.
Mientras Ellos, los frustrados testigos de tu existencia,
sorben el trago de tus recuerdos infecundos,
adornados por el hielo agrio de la distante felicidad,
para terminan llorando la fatídica despedida.
¡Última ronda!
Quisiera que dijeran el cantinero
para desembriagarme de tantos adioses.
Con los ojos cansados por mentir, rehúyes la realidad,
la jeringa inyecta la morfina de una sonrisa en tu rostro.
No hay espacio en tus pulmones para respirar esperanzas.
Piedad no pides al que hace medidas de tu despojos
y comercializa con fingida tristeza la postal de tu muerte.
Nada más que el mismo miedo sacrificamos en la espera.
Vivir, para mí, en estos momentos de impureza,
requiere más que la inmundicia del cáncer en mí vientre,
o el respirar cansado de los latidos desiguales
que envilecen los segundos por la inercia de la cobardía.
Me lo dices con ironía y entrecortada pausa.
Con sus garras afilada en el odio de tu carne
ha estrujado con demencia el centro de tu gravedad,
sembrando con sañas las dudas en tu bello corazón de humano.
¿Qué si lo sabes? Puedes negarlo.
Pero el final de tus días ha sido cautivado
por el libertino milagro que no llega.
Por si fuera verdad los que proclaman a Dios,
en la sola idea de su existencia, se aferran tus miedos
con las uñas de un rosario.
Para que se ahogara la impaciente prórroga,
el tímido campanazo anunció la muerte de la costumbre:
Ya nada existe para Vos, con la misma intensidad,
dejo de estremecerse el reloj de la rutina en tu mirada.
En tu cuarto pululan los secretos rotos
las confesiones abruptas, búsqueda del la salvación
y sus ecos, como el algodón de azúcar han venido
derritiéndose en las paredes imperfectas de tu nueva realidad:
La deshumanización de tu orgullo de mujer, madre, hija y amante.
En las esquinas incoloras; el perdón- de los que te aman,
al pie del abismo desnudado por el miedo de toda importancia.
Los minutos, copan de sombras los deformes ventanales
metódicamente cuadrados de esperanzas redondas,
donde anónimos zombis sangran de los ojos, las imágenes
de tu cuerpo sodomizado por la tecnología moderna.
Explotan sin prisa tus venas por la quimioterapia de la indiferencia,
tus pechos vacios de vida, amamantan por última vez,
el cuerpo desnutrido del mañana que en respuesta aborto tus sueños.
Nada, ni Vos, ni Yo, ni Ellos,
ni las plegarias en Iglesias vacías,
ni el útero frío de ídolos pétreos
ni los horrores de tus células transmutadas
son capaces de descifrar los efectos y contra efectos de los fármacos
buscando aliviar la rutina asfixiante hacia la muerte que nunca se logro.
Y te niegas a decir o a callar la última palabra
mientras tus ojos cansados de mentir felicidad
no encuentran una lágrima al cerrarlos.
Gritan los huesos y sus alaridos estremecen la piel del silencio.
A paso y paso, se van durmiendo los latidos en el monitor
¡bip!
¡Bip!
¡Bip! .Biiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.
Perdió la tecnología, ceso la vida en tu cuerpo,
rumbo a confirmar la existencia de Dios, Belcebú,
o la simple nada.
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