Fedora Luckert
Poeta fiel al portal
Nos vimos anoche y nuestros ojos dijeron,
fugaz y doloroso,
lo que nuestros labios callaron;
no hubo un te quiero, no hubo un abrazo,
solo un beso sincero y el agitar de tus brazos,
diciéndome adiós.
Entonces mis labios gritaron muy fuerte,
no era un secreto mi ansia al perderte,
y una lágrima no pudo contenerse,
recorrió mi cara, se deslizó solitaria,
y en mi cuerpo se secó.
A medida que pasaban los días,
tu recuerdo, tu partida,
se iban borrando de mi mente,
y solo una nube, lentamente,
refrescaba tu presencia,
con cierta incoherencia.
Ni siquiera los caminos que anduviste,
me he atrevido a andar,
tengo miedo de hallarme atrapada
en la neblina de tu presencia vacía,
y volver a sentir
lo que agotaba a mi corazón.
fugaz y doloroso,
lo que nuestros labios callaron;
no hubo un te quiero, no hubo un abrazo,
solo un beso sincero y el agitar de tus brazos,
diciéndome adiós.
Entonces mis labios gritaron muy fuerte,
no era un secreto mi ansia al perderte,
y una lágrima no pudo contenerse,
recorrió mi cara, se deslizó solitaria,
y en mi cuerpo se secó.
A medida que pasaban los días,
tu recuerdo, tu partida,
se iban borrando de mi mente,
y solo una nube, lentamente,
refrescaba tu presencia,
con cierta incoherencia.
Ni siquiera los caminos que anduviste,
me he atrevido a andar,
tengo miedo de hallarme atrapada
en la neblina de tu presencia vacía,
y volver a sentir
lo que agotaba a mi corazón.