Carlos Aristy
Poeta que considera el portal su segunda casa
Los caminos del bosque.
A los amigos que se fueron...
Hay tantos senderos en lo profundo del bosque,
como en la vida, dar un mal paso y estar perdido.
Bajo las sombras de los gigantes que se amamantan
con la savia leche de la madre tierra, yo camino.
Voy pensando en las permutaciones de tu mirada,
la inmensa necesidad que siento de apagar el fuego
que el frío deposita entre tus manos,
con el fuego intenso del amor de las mías...
Uno tiene el deseo de las mariposas enclaustradas
de besar el occidente del musgo en las cortezas,
como lamer los años, la historia que corre por las hiedras,
lavar las injusticias sufridas por tantas madres.
Yo leo los caminos en la maleza de helechos,
como el marinero busca el suyo en la noche estrellada.
Entrar al bosque y sentirse uno tan pequeño,
insignificante ante la majestad que inspiran...
Yo abro la puerta de mi casa y camino por el vecindario.
Siento los ojos de sus ventanas posarse sobre mi espalda,
y como en el bosque, me entran esas ganas, de musgos y líquenes,
de cogerte de la mano y besarte toda.
24 de Enero de 2009
A los amigos que se fueron...
Hay tantos senderos en lo profundo del bosque,
como en la vida, dar un mal paso y estar perdido.
Bajo las sombras de los gigantes que se amamantan
con la savia leche de la madre tierra, yo camino.
Voy pensando en las permutaciones de tu mirada,
la inmensa necesidad que siento de apagar el fuego
que el frío deposita entre tus manos,
con el fuego intenso del amor de las mías...
Uno tiene el deseo de las mariposas enclaustradas
de besar el occidente del musgo en las cortezas,
como lamer los años, la historia que corre por las hiedras,
lavar las injusticias sufridas por tantas madres.
Yo leo los caminos en la maleza de helechos,
como el marinero busca el suyo en la noche estrellada.
Entrar al bosque y sentirse uno tan pequeño,
insignificante ante la majestad que inspiran...
Yo abro la puerta de mi casa y camino por el vecindario.
Siento los ojos de sus ventanas posarse sobre mi espalda,
y como en el bosque, me entran esas ganas, de musgos y líquenes,
de cogerte de la mano y besarte toda.
24 de Enero de 2009