Himinglaeva
Poeta que considera el portal su segunda casa
Escondida
Deseaba hallarla sin importar lo profundo
que tuviera que llegar para encontrarla.
¡La llamé! ¡Le grité! ¡Le suplicaba!
-La busqué desesperada y por fin la encontré-
Sumida en una oscura profundidad,
la pude ver en su estado natural.
Con el rostro pálido por la ausencias de las ilusiones,
Con su mochila de esperanzas atada a su espalda.
Con los labios amordazados por los sueños frustrados, con sus ojos desbordados en angustias,
dejando en cada lagrima escapar de su jaula ¡Así la vi! ¡Así fue que la encontré! Oculta a la interperie de los sentimientos, y así estaba mi tristeza, ahogada en su pena
cobijada con el velo de la soledad sumida en el légamo de la falsedad
acompañada por los dolorosos acordes de gemidos de un alma moribunda,
cuyo único pecado fue amar.
Así la encontré. ¡Moribunda!
¡Moribunda de amor!
Y de una vez la reconforté convenciéndola de no sufrir por quien nunca la valoró!
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