Villada Mauricio
Poeta adicto al portal
Le creció del semen de los ahorcados
que en su patio se amontonaron
como cardos secos de un pasado
viejo y abandonado.
Nació como un gusano
y él le dio forma de humano;
entre sus manos calmó sus gritos
por miedo a la locura mundana.
Creció torpe, flácida y gris,
derrochando su veneno,
quemando el césped verde rapado.
Él le dio calor y ella
lo colmó de libido misántropo,
sintiendo deseo irrefrenable por la soledad.
Él le dio forma de una mujer pequeña,
tan suya, frágil y fiel,
como nunca había encontrado.
Fue así como en sus fríos jardines,
el anacoreta vivió solo y resignado,
aunque feliz y amando por siempre
a su eterna mandrágora de mujer.
que en su patio se amontonaron
como cardos secos de un pasado
viejo y abandonado.
Nació como un gusano
y él le dio forma de humano;
entre sus manos calmó sus gritos
por miedo a la locura mundana.
Creció torpe, flácida y gris,
derrochando su veneno,
quemando el césped verde rapado.
Él le dio calor y ella
lo colmó de libido misántropo,
sintiendo deseo irrefrenable por la soledad.
Él le dio forma de una mujer pequeña,
tan suya, frágil y fiel,
como nunca había encontrado.
Fue así como en sus fríos jardines,
el anacoreta vivió solo y resignado,
aunque feliz y amando por siempre
a su eterna mandrágora de mujer.
Última edición: