Amartemisa
Poetisa
¿Dónde habré puesto
la llave de mi sufrimiento?
Creí haberla guardado
en la caja de mi cuerpo.
Tendré que salir llorando,
como siempre...
Alimento y alimento
los corajes,
los fracasos,
los recuerdos,
el miedo que tanto daño hace,
el silencio...
¿Pero donde habré puesto esa llave?
Que me lo digan o muero.
Necesito ser del aire
para aullentar este llanto
que se desliza en mis senos,
este dolor tan esclavo
que se ha posado en mi pecho.
¿Por qué no encerrar la rabia
que me atormenta?
Quiero ser el verde
que se respira con la lluvia
de un beso.
Quiero ser el perfume
que serene mi aliento,
quiero ser de la vida
y que se vaya la muerte;
que se vayan los rencores,
que se pudran las tristezas
y los malditos recuerdos.
¿Dónde habré puesto la llave
de mi vulgar sufrimiento?
¿Dónde habré puesto la caja
de la locura más turbia,
que se encarcela en silencio?
Arráncame la distancia,
arranca mi mundo negro,
las tormentas,
con sus rayos y sus truenos.
El sudor de medianoche,
cuando oscurecen mis ojos
y quedamos solos.
¡Qué misterio!
Ni siquiera sé si sientes
un pedazo de mi cielo...
¿Dónde habré puesto las fuerzas
que me subyacen los miedos?
la llave de mi sufrimiento?
Creí haberla guardado
en la caja de mi cuerpo.
Tendré que salir llorando,
como siempre...
Alimento y alimento
los corajes,
los fracasos,
los recuerdos,
el miedo que tanto daño hace,
el silencio...
¿Pero donde habré puesto esa llave?
Que me lo digan o muero.
Necesito ser del aire
para aullentar este llanto
que se desliza en mis senos,
este dolor tan esclavo
que se ha posado en mi pecho.
¿Por qué no encerrar la rabia
que me atormenta?
Quiero ser el verde
que se respira con la lluvia
de un beso.
Quiero ser el perfume
que serene mi aliento,
quiero ser de la vida
y que se vaya la muerte;
que se vayan los rencores,
que se pudran las tristezas
y los malditos recuerdos.
¿Dónde habré puesto la llave
de mi vulgar sufrimiento?
¿Dónde habré puesto la caja
de la locura más turbia,
que se encarcela en silencio?
Arráncame la distancia,
arranca mi mundo negro,
las tormentas,
con sus rayos y sus truenos.
El sudor de medianoche,
cuando oscurecen mis ojos
y quedamos solos.
¡Qué misterio!
Ni siquiera sé si sientes
un pedazo de mi cielo...
¿Dónde habré puesto las fuerzas
que me subyacen los miedos?
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