coral
Una dama muy querida en esta casa.
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Como se mueren la rosas en invierno,
como caen las hojas de los árboles en otoño,
como campo de trigal árido en sequía
¡Así, así, se encuentra hoy el alma mía!
¡Solitario violín, notas de llantos y lamentos!
¡entristecido corredor en pos del cementerio!
con flores amarillas en su pecho.
Despacio va cayendo la tarde,
arrebatando la luz del sol en el ocaso…
¡Ya nada me consuela!
¡Que extraña es la condena!
¡vivir cargando una vida pasajera!
sin querer mitigar mi sed en las aguas del mar
y descansar los pies entre la arena;
sin querer dibujar un firmamento nuevo,
sin poder alcanzar las mariposas…
¡Porque huyeron!
Ya se fueron sin darme cuenta las primaveras,
ya retorna de nuevo el frío del invierno,
ya los techos no serán pintados de rojo fuego
y mis lágrimas se secaron…
Para diluir mis acuarelas
con las que pensaba dar color a las flores secas.
¡Sé que un día ha de brillar desde el amanecer del alba!
un nuevo sol, una nueva esperanza,
despertará las aves en sus nidos,
las mariposas serán doradas
jugando con sus alas entre los pétalos bañados de rocío
y los campos de tulipanes se encontrarán floridos…
El dolor en mi alma, ya no será lo mismo,
pero mientras renace de nuevo la primavera…
¡Quiero sentir mi pena porque ya te has ido!
¡Madre... nunca te dejaré mientras viva, en el olvido!
Prudencia Arenas
coral
Como se mueren la rosas en invierno,
como caen las hojas de los árboles en otoño,
como campo de trigal árido en sequía
¡Así, así, se encuentra hoy el alma mía!
¡Solitario violín, notas de llantos y lamentos!
¡entristecido corredor en pos del cementerio!
con flores amarillas en su pecho.
Despacio va cayendo la tarde,
arrebatando la luz del sol en el ocaso…
¡Ya nada me consuela!
¡Que extraña es la condena!
¡vivir cargando una vida pasajera!
sin querer mitigar mi sed en las aguas del mar
y descansar los pies entre la arena;
sin querer dibujar un firmamento nuevo,
sin poder alcanzar las mariposas…
¡Porque huyeron!
Ya se fueron sin darme cuenta las primaveras,
ya retorna de nuevo el frío del invierno,
ya los techos no serán pintados de rojo fuego
y mis lágrimas se secaron…
Para diluir mis acuarelas
con las que pensaba dar color a las flores secas.
¡Sé que un día ha de brillar desde el amanecer del alba!
un nuevo sol, una nueva esperanza,
despertará las aves en sus nidos,
las mariposas serán doradas
jugando con sus alas entre los pétalos bañados de rocío
y los campos de tulipanes se encontrarán floridos…
El dolor en mi alma, ya no será lo mismo,
pero mientras renace de nuevo la primavera…
¡Quiero sentir mi pena porque ya te has ido!
¡Madre... nunca te dejaré mientras viva, en el olvido!
Prudencia Arenas
coral
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