Mauricio Del Piano
Poeta recién llegado
Tus besos
han domesticado
la ansiedad de mis labios.
Y la humedad de los tuyos, emulando
aquellos indómitos pantanos,
han conducido a cada uno
de mis besos
a la magia de lo improbable,
de tus manos, después de que tus labios
han osado asentarse
acá cerca de mi piel.
Es el candor creado por tu sonrisa: la sencillez
que emana de lo deseado
de ese amor apasionado reposado de los años.
Tus labios: antesala del crisol
en el que he decidido fundirme
contigo.
Si no ha de ser el amor: nada ha de ser, entonces.
Tu boca me invita a tu boca
a quedarme en ella, auscultándote,
e inmiscuyéndome entre las paredes de
tu vientre: antesala del crisol
en el que he decidido fundirme.
Es el vendaval de tu besos
que siempre soplan para encederme,
pues fuego he sido y seré hoguera
que enardece.
Si no ha de ser calor: nada ha de ser...
Un beso: el fiel amante de mi requiebro
y el tuyo en tus labios: ojos de tu alma
que desea aprisionarme y retenerme,
ahí dentro de tu boca que sabe amarme
como tu boca que me ama cada día un instante.
Yo daría mi vida
por un beso que me llevase
para siempre a tu boca,
y ésta a tu boca,
quedándome ahí
en tu nido manso
acariciado
por tu vientre.
han domesticado
la ansiedad de mis labios.
Y la humedad de los tuyos, emulando
aquellos indómitos pantanos,
han conducido a cada uno
de mis besos
a la magia de lo improbable,
de tus manos, después de que tus labios
han osado asentarse
acá cerca de mi piel.
Es el candor creado por tu sonrisa: la sencillez
que emana de lo deseado
de ese amor apasionado reposado de los años.
Tus labios: antesala del crisol
en el que he decidido fundirme
contigo.
Si no ha de ser el amor: nada ha de ser, entonces.
Tu boca me invita a tu boca
a quedarme en ella, auscultándote,
e inmiscuyéndome entre las paredes de
tu vientre: antesala del crisol
en el que he decidido fundirme.
Es el vendaval de tu besos
que siempre soplan para encederme,
pues fuego he sido y seré hoguera
que enardece.
Si no ha de ser calor: nada ha de ser...
Un beso: el fiel amante de mi requiebro
y el tuyo en tus labios: ojos de tu alma
que desea aprisionarme y retenerme,
ahí dentro de tu boca que sabe amarme
como tu boca que me ama cada día un instante.
Yo daría mi vida
por un beso que me llevase
para siempre a tu boca,
y ésta a tu boca,
quedándome ahí
en tu nido manso
acariciado
por tu vientre.
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