TAVOAM
Poeta veterano
CREO EN TU ESENCIA
Creo en tu caricia aliviada de razones
como cree el mar en el viento
que le maquilla el rostro con oleaje,
le pinta la piel de blancas espumas
para que se vea más bello, más elegante,
cuando bese las arenas y conquiste el paisaje.
Creo en la noche que las horas se quedaron despiertas
aprendiendo de tus manos como darles nombre a los minutos
para que al irse hayan valido la pena;
creo en los derroches de tus caderas
como creen los campos en las lluvias de estío.
Creo en la certeza que da tu mirada
como creen los poetas en la prosa liberada
fugitiva de reglas que le enjaulen las palabras;
creo en tus labios cuando pierden la urgencia
como cree el marinero en el faro que se acerca.
Creo en tu pasión por los abrazos en silencio
como creen las abuelas en viejas recetas;
creo en la paciencia de tu timón en tormentas
como cree el norte en tus pasos afirmados
como creen los aromas en la primavera.
Creo en el futuro que sueñan tus manos
como creen las distancias en los caminantes;
creo en las palabras que me susurras cuando duermo
como creen los niño en navidades de chimeneas abiertas,
como creen sus madres en renos tras la puerta.
Creo en tantas cosas que llevan tu nombre
desde aquella tarde a eso de las cinco,
cuando despertaste mi alma del viejo letargo;
sin más colores que tus ojos,
sin más sonidos que tus latidos,
sin pronunciar siquiera una sola palabra.
TAVO.
Creo en tu caricia aliviada de razones
como cree el mar en el viento
que le maquilla el rostro con oleaje,
le pinta la piel de blancas espumas
para que se vea más bello, más elegante,
cuando bese las arenas y conquiste el paisaje.
Creo en la noche que las horas se quedaron despiertas
aprendiendo de tus manos como darles nombre a los minutos
para que al irse hayan valido la pena;
creo en los derroches de tus caderas
como creen los campos en las lluvias de estío.
Creo en la certeza que da tu mirada
como creen los poetas en la prosa liberada
fugitiva de reglas que le enjaulen las palabras;
creo en tus labios cuando pierden la urgencia
como cree el marinero en el faro que se acerca.
Creo en tu pasión por los abrazos en silencio
como creen las abuelas en viejas recetas;
creo en la paciencia de tu timón en tormentas
como cree el norte en tus pasos afirmados
como creen los aromas en la primavera.
Creo en el futuro que sueñan tus manos
como creen las distancias en los caminantes;
creo en las palabras que me susurras cuando duermo
como creen los niño en navidades de chimeneas abiertas,
como creen sus madres en renos tras la puerta.
Creo en tantas cosas que llevan tu nombre
desde aquella tarde a eso de las cinco,
cuando despertaste mi alma del viejo letargo;
sin más colores que tus ojos,
sin más sonidos que tus latidos,
sin pronunciar siquiera una sola palabra.
TAVO.