reaven
Poeta asiduo al portal
Hola.
Me miras confundida,
preguntas por mi nombre.
¿Te sientes bien mi vida?
¿Quién es este hombre?
Le dices a tu familia.
No puede ser, es que
no me recuerdas vida mía.
Por qué ha ocurrido esto,
(no me reconocen tus pupilas)
porqué el destino se ha ensañado
de este modo
con nuestras vidas,
por qué hoy vida mía
por qué en este día.
¿Dónde estoy?
¿Qué ha pasado?
¿Por qué estoy aquí?
¿Cómo he llegado?
¿Quién es él?
¿Por qué me mira así?
Tranquila hija.
Tranquila. Mírame.
¿No me recuerdas hija mía?
¿Nada?
¿No me recuerdas todavía?
¿Quién es usted?
¿Por qué me llama hija?
Yo no soy... yo no sé...
yo no... yo
no recuerdo nada...
nada de mi vida.
Tranquilícese señor.
Le dice el doctor a tu padre.
Salgan afuera por favor.
Vamos a calmarle.
Afuera no deja
de llorar tu madre,
tu hermana mira
asustada a tu padre,
quien se me acerca temblando,
para preguntarme.
¿Cómo ha pasado
este terrible percance?
¿Por qué has dejado
que esto le pase?
Miro al señor,
y no puedo mirarle.
Tomo valor,
para empezar a contarle.
Hace unas horas
estábamos contentos,
en el café donde
ocurrió nuestro encuentro.
Aún recuerdo esa tarde
de lluvia y de viento,
entraste empapada
buscando un asiento.
No había ninguno
y como un caballero
me levante del mío
y no dude en ofrecértelo.
Yo decía descuida,
tú agradecías sonriendo;
entonces cupido,
hizo un disparo certero.
Hace unas horas,
con un ensayo de espejo
y un anillo en la mano,
te pregunté muy resuelto:
¿Quieres casarte conmigo?
(tu rostro perplejo)
Miradas, sonrisa.
¡Por supuesto que quiero!
Afuera llovía.
Salimos abrazados,
nos dimos un beso
y subimos al auto.
¡Se lo diré a mis padres!
Decía con entusiasmo.
¿Cuándo será la fecha?
¿Cuándo nos casamos?
Que te parece abril.
¡Tenemos que organizarlo!
Tú eres la mejor en eso.
¡Ay amor!... ¡Te amo!
Llegamos a una esquina,
estaba todo calmado.
La luz cambió a rojo
y yo detuve el auto.
Pasamos entonces
un rato mirándonos,
te inclinaste y nos dimos
un beso en los labios.
La luz cambió a verde,
yo arrancaba el auto,
te acaricié la mejilla
y avancé con cuidado.
¡Pero entonces de pronto!
Ocurrió todo muy rápido.
Quise tomarte la mano,
cuando sentía un impacto;
quise mirarte los ojos,
pero no pude encontrarlos;
quise poder ayudarte
pero no pude...
caí desmayado.
Tu familia me ha dejado
hacerte compañía.
Voy a estar a tu lado
en tanto estés aquí dormida.
Él doctor me ha dicho
que te hará unas tomografías,
pero no te preocupes cariño
seguro habrá mejoría.
No, no estoy llorando,
no son lágrimas mías.
Son gotas de lluvia.
¿Recuerdas que llovía?
¿Recuerdas nuestros planes?
¿Los recuerdas vida mía?
¿No te dice nada
en tu mano esta sortija?
No. Descuida , descuida.
No hagas caso lo que diga.
Seguro mañana despiertas
y me das los buenos días.
Descuida, descuida,
duérmete tranquila.
Voy a quedarme en silencio,
para que sigas tú dormida.
Voy a quedarme toda la noche,
voy a quedarme todos los días.
Voy a quedarme el tiempo suficiente
para que cuando despiertes
me recuerdes y sonrías.
Me miras confundida,
preguntas por mi nombre.
¿Te sientes bien mi vida?
¿Quién es este hombre?
Le dices a tu familia.
No puede ser, es que
no me recuerdas vida mía.
Por qué ha ocurrido esto,
(no me reconocen tus pupilas)
porqué el destino se ha ensañado
de este modo
con nuestras vidas,
por qué hoy vida mía
por qué en este día.
¿Dónde estoy?
¿Qué ha pasado?
¿Por qué estoy aquí?
¿Cómo he llegado?
¿Quién es él?
¿Por qué me mira así?
Tranquila hija.
Tranquila. Mírame.
¿No me recuerdas hija mía?
¿Nada?
¿No me recuerdas todavía?
¿Quién es usted?
¿Por qué me llama hija?
Yo no soy... yo no sé...
yo no... yo
no recuerdo nada...
nada de mi vida.
Tranquilícese señor.
Le dice el doctor a tu padre.
Salgan afuera por favor.
Vamos a calmarle.
Afuera no deja
de llorar tu madre,
tu hermana mira
asustada a tu padre,
quien se me acerca temblando,
para preguntarme.
¿Cómo ha pasado
este terrible percance?
¿Por qué has dejado
que esto le pase?
Miro al señor,
y no puedo mirarle.
Tomo valor,
para empezar a contarle.
Hace unas horas
estábamos contentos,
en el café donde
ocurrió nuestro encuentro.
Aún recuerdo esa tarde
de lluvia y de viento,
entraste empapada
buscando un asiento.
No había ninguno
y como un caballero
me levante del mío
y no dude en ofrecértelo.
Yo decía descuida,
tú agradecías sonriendo;
entonces cupido,
hizo un disparo certero.
Hace unas horas,
con un ensayo de espejo
y un anillo en la mano,
te pregunté muy resuelto:
¿Quieres casarte conmigo?
(tu rostro perplejo)
Miradas, sonrisa.
¡Por supuesto que quiero!
Afuera llovía.
Salimos abrazados,
nos dimos un beso
y subimos al auto.
¡Se lo diré a mis padres!
Decía con entusiasmo.
¿Cuándo será la fecha?
¿Cuándo nos casamos?
Que te parece abril.
¡Tenemos que organizarlo!
Tú eres la mejor en eso.
¡Ay amor!... ¡Te amo!
Llegamos a una esquina,
estaba todo calmado.
La luz cambió a rojo
y yo detuve el auto.
Pasamos entonces
un rato mirándonos,
te inclinaste y nos dimos
un beso en los labios.
La luz cambió a verde,
yo arrancaba el auto,
te acaricié la mejilla
y avancé con cuidado.
¡Pero entonces de pronto!
Ocurrió todo muy rápido.
Quise tomarte la mano,
cuando sentía un impacto;
quise mirarte los ojos,
pero no pude encontrarlos;
quise poder ayudarte
pero no pude...
caí desmayado.
Tu familia me ha dejado
hacerte compañía.
Voy a estar a tu lado
en tanto estés aquí dormida.
Él doctor me ha dicho
que te hará unas tomografías,
pero no te preocupes cariño
seguro habrá mejoría.
No, no estoy llorando,
no son lágrimas mías.
Son gotas de lluvia.
¿Recuerdas que llovía?
¿Recuerdas nuestros planes?
¿Los recuerdas vida mía?
¿No te dice nada
en tu mano esta sortija?
No. Descuida , descuida.
No hagas caso lo que diga.
Seguro mañana despiertas
y me das los buenos días.
Descuida, descuida,
duérmete tranquila.
Voy a quedarme en silencio,
para que sigas tú dormida.
Voy a quedarme toda la noche,
voy a quedarme todos los días.
Voy a quedarme el tiempo suficiente
para que cuando despiertes
me recuerdes y sonrías.
::