Son las doce menos cinco,
se muestra denso el ambiente
mientras la niebla nocturna
abraza la tierra inerte.
A coro están dos lechuzas,
cantando terriblemente
al compás de algunos canes
que aúllan muy tristemente;
al tiempo que brama el viento,
lastimero y pestilente.
Se oye crujir una puerta
y unos gemidos hirientes,
provienen del cementerio
donde ha entrado un jinete,
de traje negro y sombrero,
cabello largo y pendientes,
muy gallardo en su caballo
y armado con un tridente,
en busca de aquellas almas
que tienen cuentas pendientes.
Son almas de criminales,
abogados, presidentes,
policías, empresarios
y un sinfín de delincuentes
que de ésta vida se fueron
haciendo daño a la gente.
Aterrados van saliendo
de sus fosas mal olientes,
al recibir el llamado
de su oscuro pretendiente;
él les indica el camino
hacia su morada ardiente.
Al final se oye un estruendo
Surgir tenebrosamente,
y el jinete desaparece
galopando hacia el oriente.
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Luis Fernando Castillo Castillo