Daniel Reyes
Poeta adicto al portal
Si traje hojas,
tantas hojas como el viento
pero blancas, nítidamente blancas
y en el silencio interrumpido
por este reloj imparable en sus giros
y veo en las hojas el hambre de letras
ansiosas, desesperadas de letras
y yo tan quieto
tan solo en mí
y pensar que yo elegí este oficio
yo elegí estos caminos
hambriento y solo
sin más que un papel
y un cigarrillo
y que ahora recuerdo que dejé
no sé qué mañana
obedeciendo no sé qué obligación
pero era una obligación de río
una metamorfosis personal
como cuando a los renacuajos le salen patas
y están listos para croar
así fue en mí
este don de alas
esta sensación de vuelos
donde las letras eran planeadores
y caían de a mil en millones
como las bombas sobre París
y me estallaron los ojos
de asombro
se partió mi alma en mil
como olas en las piedras
al ver tantas esparcidas en las hojas
y hoy estas hojas esperan el regreso del poeta
el regreso del artesano
que lentamente avanza por mis venas
lentamente se despereza en mi cabeza
lentamente
lentamente tiñe las hojas de letras
lentamente
benditas letras
porque el poeta estaba dormido
estaba envuelto en sombras
con recuerdos negros
con espantados escalofríos
con fantasmas demenciales
en letargo de muerte,
pero la poesía tiene vida
y golpea una y mil
y abre de golpe la puerta
y germina la esencia
y crepita el calcio
manipula el azul de los pies
y grita a revolución
con escopetazos de luz
fornidos acordes de amor
donde la lucha sigue
porque el poeta es pueblo
la madera obligada del hierro
la maquinaria indómita del lenguaje
por eso el poeta despierta
del silencio
las alas están... secándose en el cielo.
tantas hojas como el viento
pero blancas, nítidamente blancas
y en el silencio interrumpido
por este reloj imparable en sus giros
y veo en las hojas el hambre de letras
ansiosas, desesperadas de letras
y yo tan quieto
tan solo en mí
y pensar que yo elegí este oficio
yo elegí estos caminos
hambriento y solo
sin más que un papel
y un cigarrillo
y que ahora recuerdo que dejé
no sé qué mañana
obedeciendo no sé qué obligación
pero era una obligación de río
una metamorfosis personal
como cuando a los renacuajos le salen patas
y están listos para croar
así fue en mí
este don de alas
esta sensación de vuelos
donde las letras eran planeadores
y caían de a mil en millones
como las bombas sobre París
y me estallaron los ojos
de asombro
se partió mi alma en mil
como olas en las piedras
al ver tantas esparcidas en las hojas
y hoy estas hojas esperan el regreso del poeta
el regreso del artesano
que lentamente avanza por mis venas
lentamente se despereza en mi cabeza
lentamente
lentamente tiñe las hojas de letras
lentamente
benditas letras
porque el poeta estaba dormido
estaba envuelto en sombras
con recuerdos negros
con espantados escalofríos
con fantasmas demenciales
en letargo de muerte,
pero la poesía tiene vida
y golpea una y mil
y abre de golpe la puerta
y germina la esencia
y crepita el calcio
manipula el azul de los pies
y grita a revolución
con escopetazos de luz
fornidos acordes de amor
donde la lucha sigue
porque el poeta es pueblo
la madera obligada del hierro
la maquinaria indómita del lenguaje
por eso el poeta despierta
del silencio
las alas están... secándose en el cielo.
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