Carlos Clemente Olivares
Poeta recién llegado
Una sonrisa burlona y precaria
iluminó tu rostro en nuestro encuentro
llegaste a mí y asestaste tu desprecio
hiriendo mi pecho, esparciendo tu veneno,
un gesto despectivo ilumino tus facciones,
delineando incesante tus miedos,
una bofetada reacia emergió como el celo,
que como gélido viento caló mis huesos.
Fueron las causas, los lamentos y la espuma que creció en la rivera de mi desesperación,
los que me guiaron hasta ese cielo obscurecido y a punto del llanto eterno,
era la codicia por la sangre de mi corazón que fluía como alta presión,
navegando ponzoñosa por las venas que irrigan mi cuerpo.
Tu acto
mi acto
el momento de los dos
el silencio y las palabras topadas,
tu mano deslizándose entre mis palmas en señal de adiós,
un último beso, que como judas mi infierno marcó,
mis ilusiones desmayadas,
tu y yo cruzando los linderos del desamor.
Vaya decepción me he llevado ahora,
al descubrir la verdad tras ese rostro con rictus de dolor,
vi tu cara oculta detrás del velo ausente de color,
el fantasma prejuicioso que dentro de ti mora.
Con una imagen pálida en tu rostro
y un brillo diminuto en tus ojos,
como una flama casi extinta,
me miraste fijamente a las cuencas obscuras que ciegan mis ojos,
intentando, desesperadamente, decirme algo,
buscando en nuestro alrededor las palabras que tus labios gritar no podían,
algo que te ayudara a sacar eso que llevabas guardado dentro de ti,
que era tal vez tan importante que esperar no debían,
algo que nunca escuche en el pasado, ni escuchare ahora.
Tu boca clamaba en medio de balbuceos
y no hay palabra cuerda que emerja concisa y clara,
me pregunto ¿Qu [FONT="]é querías decirme?
¿Por qué la desesperación porque supiera tus palabras?
¿Cuál era el significado de eso que tanto pronunciabas?
Me pregunto incesante tratando de responder esa duda
y no encuentro una explicación razonable,
y hoy en medio de reflexiones que me atacan jubilosas
me pregunto si tendría aun esa duda morbosa,
si hubiera dejado por tu cuello estrangularte.
iluminó tu rostro en nuestro encuentro
llegaste a mí y asestaste tu desprecio
hiriendo mi pecho, esparciendo tu veneno,
un gesto despectivo ilumino tus facciones,
delineando incesante tus miedos,
una bofetada reacia emergió como el celo,
que como gélido viento caló mis huesos.
Fueron las causas, los lamentos y la espuma que creció en la rivera de mi desesperación,
los que me guiaron hasta ese cielo obscurecido y a punto del llanto eterno,
era la codicia por la sangre de mi corazón que fluía como alta presión,
navegando ponzoñosa por las venas que irrigan mi cuerpo.
Tu acto
mi acto
el momento de los dos
el silencio y las palabras topadas,
tu mano deslizándose entre mis palmas en señal de adiós,
un último beso, que como judas mi infierno marcó,
mis ilusiones desmayadas,
tu y yo cruzando los linderos del desamor.
Vaya decepción me he llevado ahora,
al descubrir la verdad tras ese rostro con rictus de dolor,
vi tu cara oculta detrás del velo ausente de color,
el fantasma prejuicioso que dentro de ti mora.
Con una imagen pálida en tu rostro
y un brillo diminuto en tus ojos,
como una flama casi extinta,
me miraste fijamente a las cuencas obscuras que ciegan mis ojos,
intentando, desesperadamente, decirme algo,
buscando en nuestro alrededor las palabras que tus labios gritar no podían,
algo que te ayudara a sacar eso que llevabas guardado dentro de ti,
que era tal vez tan importante que esperar no debían,
algo que nunca escuche en el pasado, ni escuchare ahora.
Tu boca clamaba en medio de balbuceos
y no hay palabra cuerda que emerja concisa y clara,
me pregunto ¿Qu [FONT="]é querías decirme?
¿Por qué la desesperación porque supiera tus palabras?
¿Cuál era el significado de eso que tanto pronunciabas?
Me pregunto incesante tratando de responder esa duda
y no encuentro una explicación razonable,
y hoy en medio de reflexiones que me atacan jubilosas
me pregunto si tendría aun esa duda morbosa,
si hubiera dejado por tu cuello estrangularte.
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