Carlos Clemente Olivares
Poeta recién llegado
Ven, sube a mi barca, tengo todo listo para zarpar,
el mar esta crespo y los vientos picados están,
no será una travesía sencilla, pero algo te puedo asegurar,
que aun cuando un buen navegante no soy, segura conmigo habrás de estar.
Ven, sube a mi barca, disfruta de un paseo en estas aguas del eterno sangrar,
la carroña abunda en las orillas y los cuerpos destazados flotan sin cesar,
pero hay algo que nunca habrá en estas aguas flotar,
es el motor que mueve esta barca donde mi amor eterno te he de demostrar.
Tomémonos juntos de las manos, y alcémoslas sin miedo al viento feroz,
retando a la noche triste aunque nos cunda con una negrura atroz,
tomando loas caudales sinuosos que golpean con sus aguas de modo veloz,
y cercenan incautas a las piedras eternas, como ese amor que siento por vos.
Ven, vamos, naveguemos por estos ríos, siguiendo los caminos del destino incierto,
Y que las aguas frías que caen de las montañas nos bañen con los jugos del deseo muerto,
y limpien nuestros rostros llenándolos de zumo mezclado con sangre de un cadáver yerto,
consumiendo nuestras lagrimas como si anduvieran nuestros pasos en el eterno desierto.
Y que si en el camino nos hayamos un pájaro, que vuele sin tesón para morir solitario,
y que si los mares donde culminan los ríos, están llenos de entes y personajes de olvido,
y que si sabemos que la tierra sea firme y temerosa de en libertad moverse,
y que si es más firme y reacia que (una montaña) la ola impetuosa que va y vuelve
Ven vamos, terminemos el camino que nos lleve al infierno,
porque ahí es donde caeremos perdidos en el tiempo,
llorando [FONT="]lágrimas de sangre que escurren molestas,
pensando que su caminar es causal de la muerte modesta.
Ven, vamos, sube a mi barca, y atravesemos estos mares de sangre y de locura
para alcanzar de los lamentos el vicio y la cura,
que nos deje libres cayendo en libertad en un mundo de amargura,
y andando solitarios por los caminos del averno envueltos en negrura.
Ven, ¡Sí! Ven comete mi mano que yo me comeré tu alma,
comete mi celo, mi rabia, mi ser, comete todo o no te comas nada,
se mi áspero espejo donde se reflejen impávidas las letras de mi mantra,
se mi vida, se mi cielo, se la gotas de zumo que caen en parvada.
Ven a mí ¡Sí! Ven y desgárrame en pedazos los miembros de mi cuerpo,
hazme tuyo ¡Sí! Posee cada parte de mí, hasta volverme cenizas,
ven sube a mi barca, muerte pecaminosa, que yo habré de llevarte hasta el más obscuro infierno,
para cruzar Aqueronte pidiéndote en dadiva que por fin acabes con este sufrimiento eterno.
el mar esta crespo y los vientos picados están,
no será una travesía sencilla, pero algo te puedo asegurar,
que aun cuando un buen navegante no soy, segura conmigo habrás de estar.
Ven, sube a mi barca, disfruta de un paseo en estas aguas del eterno sangrar,
la carroña abunda en las orillas y los cuerpos destazados flotan sin cesar,
pero hay algo que nunca habrá en estas aguas flotar,
es el motor que mueve esta barca donde mi amor eterno te he de demostrar.
Tomémonos juntos de las manos, y alcémoslas sin miedo al viento feroz,
retando a la noche triste aunque nos cunda con una negrura atroz,
tomando loas caudales sinuosos que golpean con sus aguas de modo veloz,
y cercenan incautas a las piedras eternas, como ese amor que siento por vos.
Ven, vamos, naveguemos por estos ríos, siguiendo los caminos del destino incierto,
Y que las aguas frías que caen de las montañas nos bañen con los jugos del deseo muerto,
y limpien nuestros rostros llenándolos de zumo mezclado con sangre de un cadáver yerto,
consumiendo nuestras lagrimas como si anduvieran nuestros pasos en el eterno desierto.
Y que si en el camino nos hayamos un pájaro, que vuele sin tesón para morir solitario,
y que si los mares donde culminan los ríos, están llenos de entes y personajes de olvido,
y que si sabemos que la tierra sea firme y temerosa de en libertad moverse,
y que si es más firme y reacia que (una montaña) la ola impetuosa que va y vuelve
Ven vamos, terminemos el camino que nos lleve al infierno,
porque ahí es donde caeremos perdidos en el tiempo,
llorando [FONT="]lágrimas de sangre que escurren molestas,
pensando que su caminar es causal de la muerte modesta.
Ven, vamos, sube a mi barca, y atravesemos estos mares de sangre y de locura
para alcanzar de los lamentos el vicio y la cura,
que nos deje libres cayendo en libertad en un mundo de amargura,
y andando solitarios por los caminos del averno envueltos en negrura.
Ven, ¡Sí! Ven comete mi mano que yo me comeré tu alma,
comete mi celo, mi rabia, mi ser, comete todo o no te comas nada,
se mi áspero espejo donde se reflejen impávidas las letras de mi mantra,
se mi vida, se mi cielo, se la gotas de zumo que caen en parvada.
Ven a mí ¡Sí! Ven y desgárrame en pedazos los miembros de mi cuerpo,
hazme tuyo ¡Sí! Posee cada parte de mí, hasta volverme cenizas,
ven sube a mi barca, muerte pecaminosa, que yo habré de llevarte hasta el más obscuro infierno,
para cruzar Aqueronte pidiéndote en dadiva que por fin acabes con este sufrimiento eterno.
Última edición por un moderador: