Relato realizado por: Edgar Alberto Mena Brenes
Nota: La flotilla de taxis de servicio público en Costa Rica, es conocida como
''La Fuerza roja'' , debido a que los taxis son de color rojo.
Historia urbana ( oficio de taxista)
Tuve la oportunidad de ser militante voluntario y por casualidades netamente genéticas (mi padre fue de la fuerza roja), de laborar en este oficio mas cargado de penas que de gloria, de historias que de retribución económica. La fuerza roja me llevo al contacto mas ''directo'' con el pueblo y sus vivencias, que a mi parecer, recolecta las mas inusitadas confesiones, desgarros, infidelidades, aventuras amateur, lutos y situaciones que pocos oficios llevarían a obtener de mi primera mano (soy un escritor-periodista frustrado), que cualquier oficio permitiría.
El taxista en cada mano agitada solicitando sus servicios, no imagina, no piensa, que casualidades narradas en primera persona traerá esa alma, femenina o masculina, al abordar ese recinto de cuatro ruedas y rotulo amarillo.
A medida que pasaban los días, algunas veces jornadas diurnas y la más ''heavy'' (como escucho decir a mis sobrinos adolescentes), las jornadas nocturnas me preguntaba a mi mismo si realmente era un oferente de servicio público, o bien, dirías un confesor sin sotana, psicólogo terapeuta, detective privado, entrevistador, periodista, marido de alquiler (esto es confesión) y hasta sexólogo.
Ser de la fuerza roja, intentando de aminorar los huecos en la calle, doblegando el volante, aunque muchas veces el me doblegaba a mi; me ha dejado una de las mayores vivencias que he podido tener en estos años. El taxi es como el termómetro de la sociedad, en el se escucha, se ve y se opina de todo, no hay moderador para los debates, ni limite para las propuestas homosexuales (tuve una extraña suerte en eso...).
El taxi es un baúl de historias inéditas, y su conductor un espectador de butaca ''VIP'', que sortea las señales de tránsito, con las incontables imprudencias de sus similares.
Diría que el espejo retrovisor es como una pequeña cámara donde se registra todo lo que allí ocurre, al cerrar la puerta para abordar se abre la brecha de un mundo surrealista que solo el cliente y servidor logran entender.
Haber laborado como taxista ha sido una experiencia fascinante, labor de la cuál estoy alejado por circunstancias ocupacionales, pero no por esto, dejo de disfrutar los picarescos, jocosos y hasta tenebrosos recuerdos que me regalo el destino a bordo de una de las miles unidades de la fuerza roja.
Nota: La flotilla de taxis de servicio público en Costa Rica, es conocida como
''La Fuerza roja'' , debido a que los taxis son de color rojo.
Historia urbana ( oficio de taxista)
Tuve la oportunidad de ser militante voluntario y por casualidades netamente genéticas (mi padre fue de la fuerza roja), de laborar en este oficio mas cargado de penas que de gloria, de historias que de retribución económica. La fuerza roja me llevo al contacto mas ''directo'' con el pueblo y sus vivencias, que a mi parecer, recolecta las mas inusitadas confesiones, desgarros, infidelidades, aventuras amateur, lutos y situaciones que pocos oficios llevarían a obtener de mi primera mano (soy un escritor-periodista frustrado), que cualquier oficio permitiría.
El taxista en cada mano agitada solicitando sus servicios, no imagina, no piensa, que casualidades narradas en primera persona traerá esa alma, femenina o masculina, al abordar ese recinto de cuatro ruedas y rotulo amarillo.
A medida que pasaban los días, algunas veces jornadas diurnas y la más ''heavy'' (como escucho decir a mis sobrinos adolescentes), las jornadas nocturnas me preguntaba a mi mismo si realmente era un oferente de servicio público, o bien, dirías un confesor sin sotana, psicólogo terapeuta, detective privado, entrevistador, periodista, marido de alquiler (esto es confesión) y hasta sexólogo.
Ser de la fuerza roja, intentando de aminorar los huecos en la calle, doblegando el volante, aunque muchas veces el me doblegaba a mi; me ha dejado una de las mayores vivencias que he podido tener en estos años. El taxi es como el termómetro de la sociedad, en el se escucha, se ve y se opina de todo, no hay moderador para los debates, ni limite para las propuestas homosexuales (tuve una extraña suerte en eso...).
El taxi es un baúl de historias inéditas, y su conductor un espectador de butaca ''VIP'', que sortea las señales de tránsito, con las incontables imprudencias de sus similares.
Diría que el espejo retrovisor es como una pequeña cámara donde se registra todo lo que allí ocurre, al cerrar la puerta para abordar se abre la brecha de un mundo surrealista que solo el cliente y servidor logran entender.
Haber laborado como taxista ha sido una experiencia fascinante, labor de la cuál estoy alejado por circunstancias ocupacionales, pero no por esto, dejo de disfrutar los picarescos, jocosos y hasta tenebrosos recuerdos que me regalo el destino a bordo de una de las miles unidades de la fuerza roja.