José Segundo Cefal
Poeta que considera el portal su segunda casa
Te he visto de frente.
Me has visto pero has hecho ver que no me veías.
Inmediatamente yo he bajado la mirada
y he salido hacía
la sección de papelería.
Cómo habías envejecido!
He pensado mientras miraba lápices de colores.
Tu fugaz presencia, la disimulada ausencia...
Me ponía nervioso.
Esperaba oír mi nombre a mis espaldas,
tu voz despertando mi vida dormida.
Sabía que no vendrías
pero imaginaba tu mano en mi hombro
rozándome la espalda.
Me imaginaba desnudo, frente a ti
Pintandote con los colores
la camisa tan clara que llevabas.
Sabía que tú eras como yo,
que ya estarías en la planta baja.
Supongo que fuera hacía sol,
pero me he imaginado un día gris
y te he visto cruzar la avenida
con tu impoluta camisa clara
un tanto desconcertado.
Seguramente habrás pensado
que yo estaba envejecido
y que el bigote no me favorecía nada.
Habrás pensado que yo he pensado
que no habías cambiado de estilo,
que seguías con la barba de dos días
que tanto me picaba.
Habrás pensado que yo he pensado
en seguirte al ascensor
y en la bajada te he imaginado solo imaginándote
que allí estaba contigo abrazándote extasiado.
Sé que has pensado
que yo he pensado
que tu has pensado en hablarme,
en acercarte y que has pensado
que yo pensaba
que tu pensabas
que yo te sonreiría.
Incluso he visto,
ya no sé en que pensamiento,
que tomábamos un café
y nos sonreíamos
con la complacencia
del inadvertido encuentro.
La dependienta me estaba explicando los colores.
Mire señor, con el amarillo puede pintar soles y este azul va muy bien para pintar mares, con este color puede pintar las caricias perdidas y este color esta muy bien para pintar
el dulce recuerdo de verlo entrar en la cama con fuego en su mirada, pero éste se nos ha acabado, sólo tenemos la muestra, lo estamos esperando.
Nunca más volveré a esos almacenes.
Me has visto pero has hecho ver que no me veías.
Inmediatamente yo he bajado la mirada
y he salido hacía
la sección de papelería.
Cómo habías envejecido!
He pensado mientras miraba lápices de colores.
Tu fugaz presencia, la disimulada ausencia...
Me ponía nervioso.
Esperaba oír mi nombre a mis espaldas,
tu voz despertando mi vida dormida.
Sabía que no vendrías
pero imaginaba tu mano en mi hombro
rozándome la espalda.
Me imaginaba desnudo, frente a ti
Pintandote con los colores
la camisa tan clara que llevabas.
Sabía que tú eras como yo,
que ya estarías en la planta baja.
Supongo que fuera hacía sol,
pero me he imaginado un día gris
y te he visto cruzar la avenida
con tu impoluta camisa clara
un tanto desconcertado.
Seguramente habrás pensado
que yo estaba envejecido
y que el bigote no me favorecía nada.
Habrás pensado que yo he pensado
que no habías cambiado de estilo,
que seguías con la barba de dos días
que tanto me picaba.
Habrás pensado que yo he pensado
en seguirte al ascensor
y en la bajada te he imaginado solo imaginándote
que allí estaba contigo abrazándote extasiado.
Sé que has pensado
que yo he pensado
que tu has pensado en hablarme,
en acercarte y que has pensado
que yo pensaba
que tu pensabas
que yo te sonreiría.
Incluso he visto,
ya no sé en que pensamiento,
que tomábamos un café
y nos sonreíamos
con la complacencia
del inadvertido encuentro.
La dependienta me estaba explicando los colores.
Mire señor, con el amarillo puede pintar soles y este azul va muy bien para pintar mares, con este color puede pintar las caricias perdidas y este color esta muy bien para pintar
el dulce recuerdo de verlo entrar en la cama con fuego en su mirada, pero éste se nos ha acabado, sólo tenemos la muestra, lo estamos esperando.
Nunca más volveré a esos almacenes.
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